Descomplicado
Estamos en un momento importante para Michoacán. Se acerca la definición y, como ocurre en cualquier proceso político, hay distintas voces, distintas aspiraciones y legítimas ganas de participar. Eso es parte de la democracia. Pero hay algo que para mí debe estar por encima de cualquier aspiración personal: el proyecto.
Lo digo porque llevo más de quince años caminando este movimiento y sé que las transformaciones profundas no se construyen alrededor de una persona. Se construyen con principios, con organización, con trabajo y, sobre todo, con la capacidad de poner por delante a quienes nos dieron su confianza.
Hoy tenemos una Presidenta, Claudia Sheinbaum Pardo, que ha dado continuidad al proyecto que inició nuestro movimiento y que está demostrando que gobernar significa poner al pueblo en el centro. Durante su segundo informe de gobierno, hemos podido observar que Michoacán ha sido beneficiado con obras, programas de bienestar, en la salud, en los caminos, en la atención a nuestros pueblos originarios y en una estrategia de seguridad que busca construir paz atendiendo también las causas. Ella vendrá el 25 de septiembre y ya la esperamos con los brazos abiertos.
Por eso creo que Michoacán necesita continuidad, pero no una entendida como repetir las cosas por inercia. Continuidad significa cuidar lo que funciona, profundizar lo que ha dado resultados y corregir lo que todavía hace falta. Y para eso necesitamos unidad, la cual significa entender que podemos tener diferencias, pero que hay algo mucho más grande que nuestras diferencias: Michoacán y su pueblo.
Hace unos días propuse un acuerdo por la unidad, afortunadamente varios de mis compañeros y compañeras que estas en este proceso ya se sumaron a él. Lo propuse por una convicción muy sencilla: ninguna aspiración personal puede estar por encima del proyecto que durante tantos años hemos construido. Yo también tengo aspiraciones. Claro que las tengo. Pero aprendí hace mucho que aspirar a servir no puede convertirse en una lucha por el poder. Si algún día tenemos que elegir entre una ambición personal y aquello que le conviene a nuestro pueblo, para mí la respuesta es clara: primero el pueblo.
Eso es también lo que entiendo por Kaxúmpekua: honorabilidad, respeto, dignidad y responsabilidad frente a la gente. No se trata solamente de una palabra bonita. Es una manera de entender el servicio público. Porque servir a Michoacán debe ser un honor.
Y cuando se tiene el privilegio de representar a su pueblo, no podemos olvidar nunca para quién trabajamos. No trabajamos para nosotros. No trabajamos para nuestras carreras. No trabajamos para acumular cargos. Trabajamos para que una familia tenga mejores condiciones, para que una comunidad indígena pueda decidir sobre su propio desarrollo, para que una mujer tenga oportunidades, para que nuestros jóvenes encuentren un futuro aquí, para que nuestros caminos estén mejor, para que haya salud, educación, seguridad y bienestar. Eso es lo que está en juego.
Por eso seguiré haciendo lo que he hecho siempre: caminar, escuchar, hablar con la gente y poner mi experiencia, mi trabajo y todo lo que soy al servicio de Michoacán. Si algo he aprendido en este camino es que los cargos pasan, las personas pasamos, pero los proyectos que transforman la vida de la gente pueden permanecer. Y yo quiero ser parte de eso. De una transformación que continúe. De un proyecto que mantenga al pueblo en el centro. Y de una historia que podamos contar con la tranquilidad de saber que, cuando llegó el momento de decidir, pusimos a Michoacán por encima de nosotros y nosotras mismas.




