De frente y de perfil
No me pude resistir a la invitación de mi amiga Gina Morales para redactar un texto de la visita del maestro, Joaquín Sabina a la ciudad de Morelia, quien por invitación de la entonces Secretaria de Difusión y Extensión Universitaria de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Silvia Figueroa Zamudio, visitó nuestra ciudad en el marco del aniversario 85 de la fundación de la máxima casa de estudios.
Yo trabajaba en área de Relaciones Públicas del Centro de Convenciones de Morelia, del cual depende el Teatro Morelos, sede de los dos conciertos, lo que representó una oportunidad única para estar cerca de un hombre, cuyas canciones han marcado la vida de muchas generaciones, y es que en los ochentas, el boom de artistas españoles hizo presencia en México, yo creo que para quienes nacimos en los 70 representó la apertura de una generación marcada por la rebeldía y las ganas de cantarlo todo.
Morelia, parecía un escenario improbable para presenciar en vivo con un cantautor cuyas canciones nos han acompañado tantas madrugadas, rupturas, reconciliaciones, y es que Sabina sabe llegar como llegan los poetas, sin alardes, con ironía y últimamente con cansancio.
El recibimiento al Teatro Morelos fue expectativa, ¿le gustará el teatro? ¿la acústica? ¿lo considerará pequeño?, además le tuvimos preparado el cathering, que a solicitud de su representante solicitó y que consistió en uvas verdes, quesos variados, mucha agua, carnes frías y por supuesto tequila blanco.
No me acuerdo del repertorio, mentiría, lo que si recuerdo es que haber cantado todas las canciones que tenía preparadas para las dos presentaciones, por supuesto estuve en las dos.
Ese día confirmé que hay encuentros que no buscan volverse una anécdota espectacular, si no un encuentro íntimo que me permitió, acompañarle a la cena que se le ofreció a él y a su staff en el restaurante Los Mirasoles, propiedad de la familia Figueroa, en donde no me puede resistir para abrazarlo.




