Palabras y juicios irredentes
ITINERARIO POLÍTICO
¡AMLO Y SU GABINETE, DEL PRIVILEGIO AL “MATADERO”!
Nadie sabe si fue “plan con maña” o si, de plano, se trató de uno más de los muchos ejemplos de la estulticia presidencial.
Algunos, incluso, juguetean con la posibilidad del suicidio colectivo de un gabinete presidencial que, en los hechos, no inexistente y parece de ornato.
Lo cierto es que si nos atenemos a la “Guía Bioética”, promovida por el gobierno de López Obrador para atender casos extremos del Covid-19, resulta que los integrantes del gabinete, empezando por el propio presidente, aparecen en el extremo perdedor del volado de la muerte.
Sí, por su avanzada edad, el presidente y buena parte de su gabinete perderían esa “ruleta rusa” de “la moneda al aire”, frente a cualquier enfermo joven. Todo esto en un caso extremo, claro.
Y es que, en efecto, si tomamos en cuenta los criterios que diseñó el Consejo General de Salud --en la Guía Bioética para casos críticos de Covid-19--, resulta que los primeros que “irían al matadero” son, precisamente, los integrantes del gabinete presidencial.
¿Por qué?
Porque casi todos ellos superan los 65 años de edad; años que los hacen candidato “al desecho”, según los genios del gobierno de AMLO, culpables de elaborar la “Guía Bioética” para el Covid-19.
Y no, no hay duda de que asistimos a eso que definió un clásico como “una discusión de vida o muerte”, frente a la pandemia del siglo; discusión que, de manera grosera, los llevó a tomar el papel de Dios.
¿El papel de Dios?
Por una razón elemental; porque la pandemia nos llevará, tarde o temprano, a responder a una o todas las siguientes interrogantes macabras.
¿Quién y por qué, en tiempos del Covid-19, un burócrata tiene la facultad de decidir quién vive o quién muere?
¿Por qué deben morir los viejos, antes que los jóvenes, en un momento extremo?
¿Quién otorgó tal privilegio –el de decidir quién vive o quien muere--, a un gobierno ignorante, analfabeta y estulto, como el de AMLO? ¿Eso quiere decir que ese gobierno, el de AMLO, se adjudica una facultad divina?
La realidad, sin embargo, nos lleva a los inevitables “privilegios del poder”.




