Indicador político
Lo que hemos visto durante los últimos días son las expresiones sociales de dos Méxicos diferentes: por un lado, el México que festeja la Copa Mundial de fútbol, como puede y donde puede, que festeja el primer triunfo de la Selección Nacional; y, por el otro, al México que protesta en las calles por la incapacidad del gobierno para atender y resolver los múltiples problemas que se han ido acumulando en estos últimos años.
No es que un México esté enfrentado con el otro. No es que la parte del país que se manifiesta en las calles, carreteras y diversos medios de comunicación masiva esté en contra de la otra parte que disfruta y ansía la fiesta futbolera (hasta como necesidad de cara a una difícil realidad), sino que busca aprovechar el escaparate internacional para visibilizarse ante el mundo entero, ya que el gobierno –que supuestamente representa y defiende al “pueblo bueno”- no les hace caso, no los escucha y llega al extremo de criminalizarlos y descalificarlos como “los que no aman a México”.
Esa dicotomía, de dos países en uno, ha sido pretexto para que el oficialismo ahonde la polarización política impulsada desde la Presidencia, en lugar de entender las diferentes causas de las muy diversas y justificadas protestas. Además, con esa narrativa tóxica impulsada por el oficialismo, se confunden intencionalmente y se meten en el mismo saco, las legítimas protestas (como la tragedia de las madres y familiares de las 133 mil personas desaparecidas) con las criticables intransigencias de la CNTE y/o las provocaciones de pequeños grupos violentos que terminan semiocultando ante la sociedad las manifestaciones de los demás sectores mencionados (¿o acaso tienen ese objetivo?).
La gente “está feliz, feliz, feliz; requeté feliz con el Mundial”, dice Sheinbaum. Pone como ejemplo el llamado “Fan Fest” en el Zócalo capitalino y en muchas otras plazas del país, aun cuando ella cobardemente se fue a esconder en un pequeño evento al norte de la Ciudad de México para evitar las muy posibles rechiflas y llegó al condenable extremo de ironizar sobre la protesta de las madres buscadoras con la expresión de que “eran más los integrantes de la Comisión de Búsqueda” que ellas. Incluso amenazó con que ya se estaba investigando quien les pagó el transporte para que pudieran llegar a manifestarse. ¡Qué insensibilidad de mujer ante la tragedia humana de las mujeres y qué irresponsabilidad como presidenta!
Ese es el extremo al que se llega cuando no se quiere ver la realidad y mucho menos reconocer los problemas, además de que se muestra la incapacidad para resolverlos, expresiones del fracaso de un proyecto que no es de desarrollo nacional, sino de dominación política para mantenerse en el poder al costo de lo que sea.
Sin embargo, aunque no lo quieran, la realidad se les irá presentando cada día con mayor frecuencia. No bastarán “los billetazos” a líderes de la CNTE, ni las amenazas contra las madres buscadoras, ni las campañas de descalificación contra las miles de personas despojadas de sus pensiones o contra los productores del campo o los transportistas víctimas de asaltos. No les bastarán tampoco los programas sociales usados como instrumentos de manipulación electoral, como recientemente lo vimos en Coahuila.
El país se ha ido aceleradamente convirtiendo en una olla de presión sin válvulas de escape y puede explotar en el momento menos esperado. Esperemos que sea para bien.