La opción
En el debate internacional se impulsan acciones para generar condiciones para el desarrollo de ciudades del cuidado; las ciudades de cuidado son un modelo de ciudad que pone la vida, el bienestar y la sostenibilidad en el centro de su organización, planificación y políticas públicas. Este enfoque surge como respuesta al modelo tradicional de ciudad, que ha sido históricamente diseñado desde una lógica productivista, excluyente y patriarcal, que invisibiliza el trabajo de cuidado y margina a quienes lo realizan (principalmente mujeres, niñas, personas mayores, personas con discapacidad, etc.).
Las ciudades de cuidado, son espacios urbanos diseñados y gestionados para reconocer, redistribuir, reducir y remunerar el trabajo de cuidado, promoviendo la corresponsabilidad entre Estado, comunidad, familias y mercado. Las ciudades de cuidado, tienen como base la argumentación de la ética de los cuidados y de la economía feminista.
La ética del cuidado es una propuesta política, pedagógica y ética que busca construir relaciones más humanas, justas y sostenibles. No se trata solo de un valor moral, sino de un nuevo modelo civilizatorio que reconoce la interdependencia entre seres humanos; prioriza la dignidad, el bienestar colectivo y el respeto mutuo, además que valora el trabajo de cuidado como base de la vida.
Los ejes del cuidado han sido trabajados teóricamente por el doctor Bernardo Toro, quien propone una ética que se basa en cinco ejes y cinco principios:
Cuidarse a sí mismo; es decir, el autocuidado físico, emocional y mental como base de la responsabilidad ética. Cuidar al otro, al cercano; reconocimiento del otro como sujeto de derechos, digno de afecto, respeto y protección. Cuidar lo lejano, generando acciones para garantizar espacios seguros, limpios y habitables. Cuidar lo público, lo que convoca a proteger los bienes comunes: instituciones, normas y recursos colectivos en el beneficio de otros. Además de cuidar al planeta, en donde se consolide una conciencia ecológica profunda y es que no existe humanidad posible sin naturaleza viva.
Estos ejes suman a otros principios esenciales, entre ellos destaca la hospitalidad, derivado de poblaciones que son desplazados por el crimen organizado, o bien por el cambio climático, así como a quienes hoy se encuentran refugiados, o bien, viviendo en albergues, que requieren de un espacio para la pernocta y el consumo de los alimentos.
Otro principio esencial es la comensalidad, es decir, compartir como acto ético, entre ello, los alimentos, la comida del día a día, frente a una población que vive en pobreza o bien en precariedad. Hoy nos referimos a que se privilegia el consumo, la ganancia y la apariencia por encima del derecho a la alimentacióny lajusticia social.
Los cuidados también requieren de utilizar un lenguaje, nos referimos al lenguaje del cuidado, donde reconozcamos el valor de la persona y nuestro pronunciamiento sea sin dañar, sin someter, controlar o disciplinar el cuerpo. Un principio más, es el vinculado con las relaciones de ganar-ganar y no ganar-perder, es decir en la construcción del diálogo avanzar en resolver los problemas en equidad, “lo que te toca a ti, lo que me toca a mi”.
Finalmente, un principio que continúa siendo un acicate en el manejo del lenguaje para referirnos a la otredad, es la utilización de la ternura; la ternura en un lenguaje que cuida, no se refiere solo a hablar con suavidad, sino a: nombrar al otro con respeto (por su nombre, sin apodos ofensivos o etiquetas degradantes). Usar palabras que reconozcan la dignidad y no humillen. Escuchar con atención y sin juzgar. Elegir no gritar, no agredir, no ironizar ni ridiculizar. Definitivamente, que importante expresar afecto, empatía o reconocimiento sin miedo ni vergüenza.
En el trabajo desarrollado con personal institucional en el Centro de Reinserción Social, se abordó el tema de la ética de los cuidados, los dicentes expresaron la importancia de brindar un trato digno de las personas privadas de la libertad, impulsar un lenguaje no violento y respetuoso, mantener espacios limpios y seguros, brindar atención integral a la salud física y emocional, acceso a los ejes del modelo de reinserción, participación del PPL en decisiones cotidianas. El planteamiento es que, un sistema penitenciario sin cuidados no reinserta: castiga, reproduce violencia y margina más, por lo qué cuidar no es consentir, cuidar es tratar al otro como alguien que está transformándose.
De esta manera la ética de los cuidados permite al personal custodio actuar con firmeza, pero sin crueldad, ejercer la autoridad pero sin autoritarismo, asumir las normas, pero con humanidad.




