Némesis
Anoche, dormido, soñaba. Y desperté soñando que regresaba la fiesta brava a nuestros entornos, lo que me llevó a coincidir con toda esa gente que precisa que Morelia, la señorial Morelia, no puede seguir sin toros, no sin tauromaquia, no sin Arte de Cuchares, no sin el Arte de Marialba.
Ya hasta oigo cerca los pasos dobles y el olé de la gente. Ya como que escucho el Cielo Andaluz, tema maravilloso que es como la “obertura” que acompaña a los diestros al partir plaza. Y ya parece que veo los toreros enfundados en sus trajes de luces, con ese su garbo tan especial. La baraja es amplia, tanto que nos llevaría a ver diestros de tres generaciones. Venga, sí, que venga ya el Cielo Andaluz, España Cañí, Silverio Pérez y El Gato Montés.
Porque hasta sueño que el juez de plaza Víctor Alanís prepara sus pañuelos blancos, uno verde y, hasta uno negro, por aquello de no te entumas. Vislumbro un cartel diseñado a la antigüita y pegado y todas las marquesinas de la ciudad, papeleta con cinco o seis nombres, muy conocidos todos, en una suma de toreros con sangres de acá mero.
No, no, la señorial Morelia no debe seguir sin la fiesta más bella de todas las fiestas, porque las tradiciones deben ser fortalecidas y aquí, en el Antiguo Jardín de la Nueva España, hay toreros para dar y prestar. ¿Qué no? ¿Quién dijo no? Pero cómo chiflados no, si hay una baraja que va de Isaac a Isaac. Ah, quieren que los nombre, sale, van por orden de alternativa: Isaac Chacón, Jorge Sotelo, Antonio Mendoza, Emiliano Villafuerte "El Moso" e Isaac Fonseca.
Los cinco son reconocidos como morelianos hasta las cachas. Pero si quieren otro michoacano con los espolones bien puestos, baste decir el nombre del maestro Paco Doddoli, el de la Perla del Cupatitzio, el más longevo de los toreros mexicanos, el que un toro de Fernando de la Mora en el Palacio del Arte,
Sagrario de los Consagrados, ante los ojos del maestro Enrique Ponce, con quien ayer, por cierto, tentó el novillero moreliano Diego Medina, en La Purísima, allá cerca de Sevilla, pero ese es tema que después les detallo.
¿No que no tenemos toreros para dar y prestar? Y los y la que faltan. Por eso insisto: De que tenemos toreros, tenemos.
Total, que se acerca una fecha icónica, la del 30 de septiembre, y Morelia huele a fiesta brava. y Yo, la purita verdad, ya siento correr la adrenalina y hasta me veo en el callejón, porque en septiembre hasta los más caros anhelos pueden cristalizar. ¿Sueños guajiros? No sé, de verdad que no lo sé. Pero… ¿y qué tal si lo despegado pega? Tiempo al tiempo que el tiempo vuela. Ya dije y… Así sea.




