De frente y de perfil
Experto en gobierno y asuntos públicos.
El caballo es un noble animal que ha acompañado al ser humano a través de la historia, siendo el motor de nuestra evolución en múltiples ámbitos. No se puede entender la movilidad de larga distancia sin la ayuda de los equinos; en las guerras de antaño, eran actores que inclinaban la balanza hacia un bando u otro. Las grandes conquistas de Alejandro Magno y su Bucefálo pasaron a la posteridad, así como las andanzas de Pancho Villa y su "Siete Leguas". Mientras los apaches con sus Mustangs cabalgaban el viejo oeste, estos animales también entregaban su vida en las labores del campo, trabajando arduamente de sol a sol. En épocas recientes, se han convertido en terapeutas en la equinoterapia. En fin, ellos no se cansan de ayudar a la raza humana, la cual, por su parte, muchas veces los ha maltratado como solo nuestra especie sabe hacer.
Para la cultura china, el caballo posee una importancia tal que es actor principal dentro del zodiaco; ese místico calendario donde doce animales representan energías y destinos concretos. Dependiendo del ciclo, el elemento cambia, y en este 2026 del calendario gregoriano, la cultura asiática recibe al Caballo de Fuego. Sin duda, el título suena épico, noble y poderoso.
El Caballo de Fuego representa una energía que solo se presenta cada 60 años. Dicen los sabios orientales que trae consigo una fuerza capaz de iluminar verdades ocultas y acelerar procesos kármicos que llevaban décadas estancados. Es un torbellino de pasión y velocidad que no admite medias tintas. Tal vez sea la señal que necesitamos para renovarnos; a fin de cuentas, más de mil cuatrocientos millones de personas no pueden estar equivocadas. Aunque en Occidente tengamos otros dogmas (como el culto a Hollywood), la energía siempre está en movimiento y ese proceso es innegable.
Curiosamente, el fuego en nuestra cultura mexicana siempre ha sido el eje central del cosmos. Desde que el tlacuache (el Prometeo de Mesoamérica) lo robó para dárnoslo, (quedando con su colita pelada en la hazaña), hasta la figura de Huehuetéotl, el Dios Viejo, ese abuelo que representa la sabiduría y el centro del universo. Es fascinante notar que el Año Nuevo Chino coincide en fechas muy cercanas con el Fuego Nuevo de los Purépechas, el inicio del ciclo para este pueblo que se reconoce como el "ejército de Curicaueri".
Así que, en este año del Caballo de Fuego, además de iniciar un ciclo cronológico, renovemos nuestra identidad y nuestro orgullo. Pensemos que los elementos que nos brindan fe y esperanza están presentes para permitirnos ser mejores personas y vivir más felices en compañía de nuestros seres queridos. Que el galope de este año sea firme y su fuego nos purifique.
¡Xin nian kuai le! ¡Feliz año nuevo!




