De frente y de perfil
La Revolución Mexicana, más allá de lo que nos enseñaron en la escuela, fue una lucha brutalmente sangrienta, con una cantidad de muertos estimada entre 2 y 3 millones de personas. Considerando que la población del país en esos entonces era aproximadamente de 15 millones, estamos hablando de una quinta parte de la población. Esto es un costo humano incalculable, desmedido para una guerra civil. Uno de los factores que debemos analizar fue también la tecnología: en esos años comenzaban a surgir adelantos en todas las ramas, y estos, aunados a los ya existentes, generaron una dinámica bélica letal.
La lucha armada que llegó como un torbellino desde el norte y el sur del país hacia el centro se dio a lomos de los caballos, pero también a bordo de los trenes. La famosa Máquina 501 de Nacozari, la locomotora Petra de Zapata y los trenes de Pancho Villa (conocidos como "Trenes de Troya") son, sin duda, piezas importantes de la tecnología de esa época en el imaginario colectivo. Gracias a estas maquinarias se logró movilizar la Revolución.
La Revolución también fue fotografiada y filmada con los instrumentos tecnológicos de la época. Las muchas fotos y películas que se tomaron a revolucionarios como Pancho Villa y Zapata fueron, sin duda, un elemento clave para configurar a estos guerreros como personajes y figuras míticas. El cine y la fotografía no solo eran arte; eran un medio de comunicación fidedigno que reflejaba lo intenso de la batalla, pero también la vida cotidiana y las vicisitudes de "la bola." Con esto, la información fluía y llegaba a lugares lejanos. Incluso, para la industria de Hollywood, resultó ser un excelente negocio.
El telégrafo fue siempre uno de los objetivos a sabotear o a explotar, ya que, mediante este medio de comunicación, cualquiera de los bandos transmitía información clave para las batallas. El uso incipiente del teléfono también fue crucial para las comunicaciones. Era evidente: el mundo empezaba a cambiar radicalmente.
Las ruidosas metralletas hicieron su aparición en las batallas, y la pólvora de los cañones que cobraría la ofrenda del brazo de Obregón también fue protagonista en la pelea. Pero las máquinas de escribir jugaron un papel igual de importante, ya que, mediante los escritos que estas imprimían en cada golpe de tecla, se transmitían desde cartas con poemas de amor a las Adelitas y proyectos de ley, hasta órdenes precisas de ejecución de los enemigos: la dualidad del amor y el odio impresos en un papel. Mientras la metralleta definía el campo de batalla, la máquina de escribir definía el futuro legal de la nación.
Los aeroplanos y los automóviles también estuvieron presentes en la lucha armada mexicana y, aunque en menor número, eran el preludio de lo que vendría con la funesta Segunda Guerra Mundial.
En la medicina también se mostraron avances tecnológicos en la atención de los heridos. Y aunque aún no se descubría la maravillosa penicilina, y la medicina tradicional y la herbolaria eran las que prevalecían (incluida la marihuana), en el campo de las curaciones y amputaciones los doctores utilizaron y perfeccionaron sus métodos.
En fin, el desarrollo tecnológico estaba en pleno auge en todas las áreas: tanto la bélica y armamentista como la médica, comunicaciones, transporte, industrial y de entretenimiento. Todos estos avances cambiarían al mundo. Pero un legado igual de importante de esta lucha armada sería en el ámbito jurídico: el reconocimiento de los derechos sociales.
La Máquina 501, las metralletas y las máquinas de escribir nos dejaron, más allá de la muerte, la tecnología social más importante de todas: la Constitución que protege al obrero, al campesino y a la familia. Es uno de los verdaderos triunfos de la Revolución.
Los derechos no son solamente individuales, son también sociales. Así nos lo hizo ver la Revolución Mexicana. Así se plasmó en las leyes que derivaron de este movimiento social, y de esta forma fueron parteaguas y referentes a nivel internacional. Se retomaron en muchos marcos normativos de todo el mundo. La sangre derramada en los campos mexicanos había dado frutos.
Celebremos un aniversario más de la Revolución, y demos gracias a las Adelitas, a los campesinos, obreros, mineros y peones que lucharon al lado de los revolucionarios, y que nos legaron un Estado de Derecho en donde todos los seres humanos y los grupos sociales somos lo más importante del país.
La Constitución de 1917 fue la primera en el mundo en incluir derechos sociales, fue escrita a mano por un solo calígrafo, y a menudo se dice que se firmó con la misma pluma que el Plan de Guadalupe. Fue promulgada en el Teatro de la República de Querétaro el 5 de febrero de 1917.
Entre el estruendo de los cañones y el suave golpeteo de las teclas, México forjó el escudo de su justicia social un legado para el mundo.




