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El Día Internacional de las Naciones Unidas: 80 Años de Utopía y Realidad
Este próximo 24 de octubre se conmemoran los 80 años de la entrada en vigor de la Carta de las Naciones Unidas. Este histórico documento fue el inicio del sistema multilateral y, desde 1945, después de que terminó la traumática Segunda Guerra Mundial, orientó los esfuerzos de los países para lograr la anhelada paz.
México es uno de los países fundadores de esta organización, que además de promover la paz, también incentiva la protección de los derechos humanos, la cooperación internacional y el desarrollo sostenible.
Estos son temas universales que nos incumben a todos los ciudadanos del planeta azul, a la aldea global en su conjunto. Es hermosamente utópico el ser ambiciosos y creer que podemos, mediante el diálogo y el entendimiento, poner fin a disputas y, al fin, vivir felices todos.
Para nosotros, los mexicanos, la guerra era un lejano recuerdo, ya que nuestro país no ha participado en un conflicto bélico con otro país desde hace muchos años. Pero para otras naciones, es habitual vivir en guerra. Tal parece que a algunos de sus líderes les gusta el olor a sangre y el sufrimiento de las personas. En nuestro país, la única guerra que conocemos en tiempos recientes es la que han llamado "guerra contra el narco", que si bien también ha traído mucho dolor, muerte y sufrimiento, no tiene que ver con conflictos entre países como tal.
En cambio, para ciudadanos de otros países, la guerra es una constante o un recuerdo vivo que lacera el alma.
Recuerdo que en charlas con amigos de otros países, asiáticos o europeos, contaban historias de sus familiares cercanos en las guerras; historias desgarradoras que a mis oídos sonaban inverosímiles, pero que en realidad eran tan crudas y reales como la tristeza que se transmitía en esas palabras.
Un amigo proveniente de Irak me platicó cómo él, durante muchas noches, caminó por el desierto para huir de su país. Buscaba una cueva durante el día para refugiarse y protegerse de los rayos del astro rey y, después de descansar, comenzaba su caminata nocturna, siempre alerta, cuidando la preciada vida. Llegó así al Mar Mediterráneo, abordó un barco con traficantes de seres humanos que lo llevó a Holanda, de donde finalmente abordó un avión y llegó a vivir a Canadá. Él salvó su vida, pero muchos de sus familiares no lo lograron. (no muy alejado del sufrimiento de nuestros hermanos migrantes en la frontera norte, aunque el contexto es un poco distinto).
En otra ocasión, una amable mujer de Vietnam nos platicó cómo su papá luchó con el Frente de Liberación Nacional de Vietnam y murió. Al final de su triste relato, ella tan solo señaló enfáticamente: "En una guerra, nunca hay un vencedor".
Estos son tan solo un par de ejemplos de cómo la guerra impacta en la vida de las personas y cómo en los relatos íntimos apreciamos los detalles de sus vivencias, las comprendemos y nos causan ese sentimiento de empatía y solidaridad, de tristeza.
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) busca precisamente esto: que no haya guerra, que las personas no sufran y que entre todos logremos una convivencia armónica.
También debemos de hacer una reflexión sin caer en la crítica sin sentido y preguntarnos: ¿La ONU ha logrado realmente su propósito? La respuesta es sí. Existen muchas críticas a este organismo multilateral. Algunos manifiestan que solo responde a los intereses de los países más poderosos y que precisamente son los que ocupan la silla del Consejo de Seguridad de la ONU. Otros tantos consideran que solo es un grupo burocrático y que sus resoluciones no surten ningún efecto verdadero. Pero todos ellos no pueden negar que si no se contara con este espacio de diálogo que es la ONU, la comunicación entre los países sería aún más compleja.
El atender los trabajos dentro de los organismos internacionales contribuye al fortalecimiento del Derecho Internacional, la promoción de los derechos humanos, de la dignidad, de la igualdad y, por supuesto, a construir entre todos consensos globales en bien de la humanidad.
Conmemoremos entonces este día, convencidos de que si no existieran estos organismos, el mundo sería otro... o tal vez... este mundo ya no existiría.




