Libros de ayer y hoy
Experto en gobierno y asuntos públicos.
Esto le pasa a "cientos de personas al día": La verdad de la ciberdelincuencia y el mal uso de la Inteligencia Artificial.
La semana pasada fui víctima de robo de mi teléfono celular. Dos personas, montadas en una motocicleta y circulando sobre la banqueta, lo arrebataron de mis manos justo en la entrada de mi casa.
Rápidamente, subí las escaleras, accedí a mis cuentas de mensajería desde mi computadora y borré el contenido de mi teléfono a distancia. Llamé para cancelar la línea y también bloqueé el aparato, pensando que con esas acciones estaría más protegido. No me imaginaba en ese momento que la pesadilla apenas comenzaba.
Al día siguiente, mientras esperaba que abriera la sucursal de Telcel, mi esposa recibió una llamada. Una querida amiga avisaba que alguien estaba pidiendo dinero a mi nombre desde mi número de WhatsApp, suplantando mi identidad.
Me dirigí de inmediato a Telcel. En el trayecto, hice lo posible por avisar a los amigos y familiares que mi esposa tenía registrados para que no cayeran en la estafa. Finalmente, me atendieron en Telcel. Les expliqué la situación y les pedí respuestas: ¿por qué, si yo había reportado y cancelado la línea y el aparato el día anterior, esto estaba sucediendo? Ellos me contestaron que los delincuentes habían extraído mi WhatsApp, lo habían cambiado de número y de correo electrónico, es decir, lo habían secuestrado.
Telcel simplemente se deslindó del problema, argumentando que la aplicación de mensajería es independiente de su servicio telefónico.
Los delincuentes siguieron pidiendo dinero, y amigos y familiares a quienes no pudimos avisar a tiempo, cayeron en la trampa.
Ya en confianza, los trabajadores de Telcel me comentaron que este caso se presenta cientos de veces todos los días. Es decir, es un tema mucho más común de lo que suponemos; es un verdadero problema de seguridad nacional.
Estos actos de la delincuencia organizada no solo afectan monetariamente a los defraudados, sino que también vulneran la intimidad y los datos que conservamos en nuestro teléfono. Todas tus conversaciones, fotos, datos y demás quedan a merced de los delincuentes y del mal uso que les den.
Los malvivientes utilizan herramientas de inteligencia artificial para generar conversaciones, suplantando tu identidad e incluso imitando tu forma de dirigirte a las distintas personas. También utilizan audios simulando tu voz. Juegan con los sentimientos y afectos de las personas con las que interactúan y se burlan de la sociedad a sabiendas de que la autoridad no tiene la capacidad ni la voluntad de solucionar este fraude millonario.
Surgen varias preguntas: Si existen evidencias y denuncias de que esta práctica se está realizando por medio de las aplicaciones de mensajería, ¿por qué la autoridad no restringe estas herramientas? ¿La policía cibernética tiene la capacidad de resolver estos temas o simplemente no le interesa? Este fraude, que significa millones y es sin duda una fuente de ingresos para la delincuencia, esta extorsión a la población sucede en las narices de la autoridad sin que existan acciones contundentes.
Todos los delitos son sin duda deleznables: desde un robo hasta un asesinato, pasando por un numeroso catálogo de crímenes. Las sociedades evolucionan y también lo hacen los delincuentes. Todos estos nuevos delitos, que parecen ser sacados de una película de ciencia ficción, son reales. Los delincuentes están a la vanguardia y la autoridad está rezagada. Los criminales aprovechan la incapacidad del Estado para dañar el tejido social, se han tenido avances pero aún hay mucho por hacer.
Como resultado de este evento traumático para mí, mi familia y mis amigos, les comparto estas enseñanzas y precauciones:
Cuidémonos nosotros entre todos, como comunidad. Si las autoridades no tienen la capacidad de protegernos, seamos creativos y solidarios y, sobre todo, generemos comunidad y conciencia.




