Al derecho y al revés
El valor de la libertad, ¡viva México!
Experto en gobierno y asuntos públicos.
La libertad no es solamente un derecho humano, o un derecho fundamental, como se le cataloga en las cartas magnas; no es solo un derecho más. Considero que la libertad es una característica inherente a todos los seres vivos, un principio para la autodeterminación.
A las plantas, por ejemplo, les limitamos su libertad al ponerlas en una maceta y no dejar crecer sus raíces, o las podamos y cortamos sus frutos. A los animales los aprisionamos, los domesticamos, e incluso a las mascotas les ponemos suetercitos para el frío. A los insectos los fumigamos o aplastamos con el zapato. En pocas palabras, los seres humanos limitamos y coartamos la libertad de estos seres vivos.
En cuanto al ser humano, la libertad cobra otra dimensión. Como seres con capacidad de raciocinio y autodeterminación, decidimos cómo actuar y cómo vivir. Es aquí donde la libertad se divide en dos grandes rubros: la libertad física o de movimiento y la libertad interna o psicológica, que es la del pensamiento.
Sin embargo, la libertad del ser humano puede ser limitada por factores como la naturaleza, que transforma la energía y la materia, factores que a veces, con los recursos a nuestro alcance, nos es imposible controlar. Pero el otro factor que limita la libertad del ser humano es el mismo ser humano.
A lo largo de la historia, las personas les han quitado la libertad a otras a través de la deleznable práctica de la esclavitud. Monarquías, reyes, caciques, dictadores y malos gobernantes han cultivado esta práctica deplorable durante muchos años.
Aquí en Mesoamérica, antes de la llegada de los españoles —quienes, por cierto, tampoco eran la nación de España como la conocemos ahora—, también existía la esclavitud, y la clase gobernante le quitaba la libertad a otras personas. Los enviados de los Reyes Católicos, que llegaron con, como dice el clásico, "la cruz en una mano y el fusil en la otra", perpetuaron durante siglos esta miserable práctica.
México y sus habitantes sufrieron durante muchos años la pérdida de su libertad hasta que un grupo de personas valientes, hombres y mujeres, gigantes libertarios, pelearon no solo por ellos, sino también por las futuras generaciones y por su derecho inalienable a la libertad. Le debemos a Yanga y sus Cimarrones, a Morelos y los Cuerudos, a los Chinacos, a los Liberales y a las valientes Adelitas y Soldaderas, así como a los huelguistas de Cananea y Río Blanco.
Gracias a todos ellos y a los héroes anónimos, por legarnos patria, libertad y dignidad humana. Sin ellos y su gran determinación, nuestro país no sería lo que es hoy: una nación de gente maravillosa, valiente y amorosa; un país que, a pesar de sus males y dificultades, no pierde la alegría y la esperanza de ser feliz. El pueblo bueno de México que recuerda los versos atribuidos al rey poeta Nezahualcóyotl:
"Amo el canto del tzentzontle (cenzontle),
pájaro de cuatrocientas voces.
Amo el color del jade, y el enervante perfume de las flores,
pero amo más a mi hermano el hombre."
En este mes patrio, celebremos a estos patriotas y agradecidos gritemos: ¡Viva México!




