LOS HÉROES DE LA GRAN TRANSFORMACIÓN

La gran transformación se realiza, no se pregona. No se hace por decreto o por el poder divino del primer mandatario.

Agradezco que compartan esas reflexiones, amigos lectores, personas tan valiosas, con una búsqueda de verdad.
Todos debemos desear y producir el cambio, para bien de todos, en un marco moral, según los grandes valores y principios de la convivencia humana. El cambio viene de todos y cada uno de los mexicanos. El gobierno promueve y coordina el esfuerzo de todos.
No es lo mismo querer servir al pueblo y sus necesidades prioritarias y más graves que querer hacer una gran “transformación”, buscar la grandeza como quien dice: “juntos haremos historia”. Esta actitud revela culto a la personalidad, egolatría propia de los megalómanos que deforma la percepción del quehacer político.
Le basta al gobernante llegar para servir y cumplir humildemente la misión, los demás lo dirá la historia. Los grandes transformadores de la historia han sido personas encantadoras por su humildad. Han mostrado grandeza de alma y no sentían la necesidad de presentarse como la última maravilla, únicos en la historia.
Se siente aún cercano el testimonio de Gandhi en su porte modesto. Cercano a nosotros es José María Morelos que rechazó el título de generalísimo y lo cambió por el de siervo de la nación. Es sublime y arraigado en nuestra historia el trabajo de Vasco de Quiroga. Todos ellos nunca anunciaron que iban hacer la “gran transformación”.
No se puede buscar al mismo tiempo la propia imagen y el bien de los humildes porque los reflectores y los delirios de grandeza ocultan la realidad de los millones de mexicanos y borran de los planes políticos el bien de los humildes.
La gallina no cacarea el huevo antes de ponerlo. Otras aves ni después de ponerlolo cacarean.
Un error de todos los gobernantes es pretender que son los más grandes, que realizan hazañas nunca antes vistas y se sienten superiores a quienes los precedieron.

Lo que realmente vale son las actitudes de los líderes que revelan grandes virtudes y el aprecio y la vivencia de los valores y principios de una sociedad civilizada superando conductas caciquiles y atrasadas propios de las hordas.
Echando mano de la gran del alma de los mexicanos se esperan proyectos mejores, elaborados con sabiduría y no sólo “ideas brillantes”, ocurrencias de los genios de la política de hoy.
Los gobernantes no pueden ser sólo pragmáticos y tomar soluciones coyunturales y momentáneas. No se puede tener la mirada fija sólo en el presente, sin los aportes y enseñanzas de lo pasado, sin la mirada levantada al futuro adivinando las mega trends.
Es lo que esperamos del primer mandatario, de su Movimiento y de la clase política: un modelo sabio, coherente, de país teniendo como centro y como meta la persona humana. Es indispensable una visión sabia del hombre, con su derecho a la vida desde la concepción, con su sexualidad naturalmente orientada en armonía con toda la persona. Esta última afirmación es sólo un ejemplo.

No se puede vender la piel del coyote antes de cazarlo, no hay que levantar monumentos antes que los sujetos realicen obras grandiosas. Si el presidente cumple la tarea humildemente tendrá el reconocimiento y el amor que las multitudes pobres no sólo de la clase dirigente que inventa preseas y diplomas.

Flacos servicios presta la caterva de aduladores del presidente. En un comentario del 7 de diciembre, Oscar Mario Beteta lo compara con Roosevelt o con Mujica de Uruguay, y los pone muy por encima de ellos, en el mundo de los dioses. Olvidó el parangón con los héroes de la República bolivariana con quienes ha habido simpatías. Evidentemente este conductor no busca servir al pueblo con la verdad sin hallar gracia ante el gran jefe. Concede a su nuevo admirado cualidades que lo ponen muy por encima de los mortales.

Soli Deo Gloria, solo Dios merece la gloria, los demás somos pobres mortales y estamos para servir gratuitamente con lo mejor de nosotros mismos.
El Maestro Dios nos aconseja: cuando hayas hecho lo que tenías que hacer sólo afirma: soy un pobre servidor y no he hecho sino mi deber.