Lengua de señas
“Antes de que alcancemos la paz mundial tenemos que encontrar la paz en las calles.” -Tupac Shakur
Acorde a la Real Academia Española, ilegal es sinónimo de clandestino, que también significa secreto; sin embargo, estas reglas del español no aplican en Michoacán, porque aquí, la ilegalidad no es secreta ni clandestina. La mayoría de los habitantes de los pueblos y ciudades capturados por el crimen organizado en nuestra entidad, saben nombres o apodos de los malandros, los lugares que frecuentan, a que grupos pertenecen y quien está peleando con quien, por meterse en tal o cual municipio.
Supongo que las autoridades también tienen esa información, pero, seguramente, porque la información no procede de canales oficiales o investigaciones formales, no pueden actuar. Están atados de manos. Al menos eso alegan en su defensa. ¿Ineficacia, miedo, o complicidad? usted sabe la respuesta.
Todo esto nos ha llevado a acuñar un nuevo término para la ciencia política: gobernanza criminal. En grandes porciones del territorio estatal, la extorsión, el control de la economía y la complicidad de servidores públicos forman parte de un andamiaje en el que el crimen organizado no opera al margen del Estado, sino dentro de él.
Los vacíos que deja el Estado, por ineficacia, miedo o complicidad, los grupos criminales los llenan; imponen sus reglas y se encargan de que la gente las siga y de que todo funcione con normalidad, incluso con mayor eficiencia que el gobierno. Esto si no hay una disputa con otro grupo criminal, lo que convierte al municipio de que se trate en zona de guerra.
El crimen organizado en los municipios bajo su control administra la violencia, recauda “impuestos”, regula el comercio, la política laboral y salarial, así como el libre tránsito. Lo único que les falta para cumplir con las principales funciones del estado moderno, es la emisión de moneda. Que no nos extrañe si después sabemos de la circulación de “mencholares” o “nuevos pesos”.
Todo lo anterior, a plena luz del día, con la complacencia de las autoridades, quienes no son víctimas, al menos no todos.
Por ello, cuando anuncian con bombos y platillos la detención de un capo, o supuesto capo, no me mueve esperanza alguna respecto a que las cosas vayan a cambiar, porque solo capturan a chalanes o a lideres del brazo armado del crimen organizado, pero los verdaderos responsables, los que combinan poder político, económico y criminal, permanecen intactos, en secreto (a voces).
OTROSÍ: Este 20 de noviembre, Los Precios de México, la papelería y mercería fundada por mi bisabuelo Raymundo Gil en Tacámbaro, Michoacán, en el año de 1920, cumple un año más de vida; 105 y contando. Mi reconocimiento y agradecimiento a mi tío Arturo Gil, por mantener vivo el legado familiar, que ya es parte de la microhistoria tacambarence.




