De frente y de perfil
MORELIA, Mich., 7 de junio de 2020.-La educación es una línea estratégica de política criminal de suma importancia que contribuye a una mejor seguridad pública.
La educación la debemos fomentar desde el momento en que los padres adquirimos el compromiso de formar a nuestros hijos, mientras que el Estado tiene la obligación de capacitarlos a través de una instrucción escolar de calidad.
Cuando la formación familiar se vuelve deficiente y el Estado no cumple con su obligación educativa, el resultado puede tornarse grave, porque no se están inculcando en las personas principios y valores, y en consecuencia se podría ocasionar que esas personas asuman conductas contrarias a la ley.
Con el paso del tiempo, ya se ha advertido que no es la condición económica de una persona lo que le puede orientar a cometer o no delitos; lo que verdaderamente influye en su conducta son esos principios y valores que le fueron fomentados en su crecimiento, ya sea por sus padres u otros parientes en la familia, y por el otro lado el Estado mediante las aulas que ofrece para la formación académica.
¿Qué pasaría si en Mexico tuviéramos que recurrir, como en otros países, a tipificar como delito que los padres o tutores se desentiendan de forma injustificada de la educación de sus hijos?
¿Usted qué opina?




