Indicador político
“Pensar V: Inteligencia Emocional”
“Cualquiera puede ponerse furioso… eso es fácil. Pero estar furioso con la persona correcta, en la intensidad correcta, en el momento correcto, por el motivo correcto y de la forma correcta… eso no es fácil”. Aristóteles, Ética a Nicómaco.
No necesitamos mayor evidencia para afirmar que somos seres emocionales mas que observarnos a nosotros mismos y a las demás personas. De hecho, sin ser categórico, podría afirmar que la mayor parte de nuestro tiempo nos conducimos por la vida actuando y reaccionando a partir de las emociones que sentimos y, si bien en ocasiones no parece tener mayor trascendencia, otras tantas terminamos perjudicándonos a nosotros mismos y a los que nos rodean, ¿la razón?, porque “…la mente emocional es más rápida que la mente racional, y se pone en acción sin detenerse ni un instante a pensar en lo que está haciendo. Su rapidez descarta la reflexión deliberada y analítica que es el sello de la mente pensante”,* por eso, después de algunas de nuestras reacciones, con frecuencia nos preguntamos: ¿por qué hice eso?, ¿por qué contesté así?, o nos damos cuenta tarde, de que reaccionamos de una forma en la que en realidad no estamos convencidos, a tal grado, que si pudiéramos regresar el tiempo actuaríamos de manera distinta.
Las emociones son inherentes a nuestra naturaleza humana, y no sólo eso, han sido motor fundamental en la evolución humana. En épocas pasadas, gracias a ellas podíamos reaccionar favorablemente y de manera instantánea ante situaciones de supervivencia, si hubiéramos esperado a que la mente pensante hiciera sus evaluaciones y juicios, probablemente estaríamos muertos… “Las lentas y deliberadas fuerzas de la evolución que han dado forma a nuestras emociones han hecho su trabajo en el curso de un millón de años”.* Además la mente emocional nos sirve también como sistema de radar para percibir las emociones de las demás personas, sus reacciones e intenciones, de tal manera que podemos emitir juicios intuitivos que nos permiten percibir si alguien está afligido o con quién debemos ser cautelosos. “En esencia todas las emociones son impulsos para actuar, son planes instantáneos para enfrentarnos a la vida que la evolución nos ha inculcado”.* El inconveniente, es que como las decisiones de la mente emocional suceden con mucha velocidad, muchas veces pueden tener bases erróneas o falsas.
En la vida moderna nos hemos distanciado de algunos de nuestros impulsos instintivos, por ejemplo, ya no tenemos que enfrentarnos todos los días a situaciones de supervivencia inmediata, sin embargo nuestro sistema emocional reactivo sigue anclado en lo más profundo de nuestros cerebros, lo cual nos lleva a considerar el valor de tener cierto grado de control en las reacciones que nos provocan las emociones si queremos decir que en realidad somos nosotros quienes controlamos y dirigimos nuestras vidas. Estamos en un momento singular en donde parte de nuestra evolución depende de nosotros y no solo de los designios de la naturaleza y del tiempo.
Algo a considerar es que no solo es el entorno y las demás personas quienes pueden provocar alteraciones en nuestro estado de ánimo y despertar distintas emociones que nos hagan actuar de cierta manera. Hay que detenernos a reflexionar y darnos cuenta que nuestros pensamientos son la mayoría de las veces los que afectan nuestras emociones, ya sea por la interpretación que damos en concordancia con nuestros paradigmas a las situaciones de la vida, porque nos sumergimos en recuerdos del pasado que podemos considerar agradables o no, o porque imaginamos situaciones del futuro, permitiendo que nuestro ánimo se altere con realidades ficticias que no han sucedido. Notar cuando nuestros pensamientos son quienes generan alteraciones en nuestro estado de ánimo, es un gran paso en el desarrollo de nuestra inteligencia emocional y dota de madurez nuestras acciones y decisiones.
Ahora bien, la inteligencia emocional no sólo tiene que ver con las emociones, sino que las trasciende. “…habilidades tales como ser capaz de motivarse y persistir frente a las decepciones; controlar el impulso y demorar la gratificación, regular el humor y evitar que los trastornos disminuyan la capacidad de pensar; mostrar empatía y abrigar esperanzas”,* son algunas de las destrezas que podemos dominar en beneficio de nuestra vida. No todo tiene que ver con el coeficiente intelectual (CI) asociado a la mente pensante y racional; no necesariamente los que tienen mejores calificaciones en la escuela tienen una mejor vida, mejores relaciones o mejores ingresos; desarrollar nuestra inteligencia emocional puede traer increíbles beneficios a nuestras vidas y equilibrarlas como resultado de un mejor y más estable estado de ánimo.
Nunca es tarde para esculpir y modelar nuestro carácter. Las personas cometemos el error de pensar que somos un producto terminado como resultado de nuestra formación, de nuestra niñez y de nuestra juventud. Creemos que nuestra personalidad de definió en algún punto y terminamos justificando nuestras reacciones con comentarios como “así soy yo”, nada más lejos de la verdad. En lo que respecta a nuestra inteligencia emocional, un gran paso que podemos dar para manejar nuestras emociones de manera favorable, es darse cuenta de lo que hay detrás de cualquier sentimiento y no sólo reaccionar; ello al tiempo que asumimos las responsabilidades que generan nuestros actos, lo que decimos, las decisiones que tomamos y nuestros compromisos… ¡Así de sencillo!
(*) La Inteligencia Emocional. Daniel Goleman. Ed. Vergara. 2007.
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Un saludo, una reflexión.
Santiago Heyser, Sr. y Santiago Heyser, Jr.
Escritores y soñadores




