Teléfono rojo
La nueva estrategia que emerge de la oposición, a nuestro juicio, es totalmente errónea. Sabemos que hay un clamor de ciertos sectores que piden justicia por lo que aconteció. Eso, desde luego, es válido y legítimo. Al igual que ello, las marchas, siempre y cuando sean pacíficas, deben ser consideradas por el gobierno para escuchar y tomar nota. Lo que sí debemos reprochar, para no evocar el pasado con el del 68, son los disturbios en medio de las protestas. Ayer, por ejemplo, un grupo de ciudadanos golpeó a mansalva a un oficial de la Ciudad de México en el intento fallido por irrumpir en Palacio Nacional. Eso no es, desde ningún ángulo, una libertad de expresión, como tampoco las agresiones que han sufrido algunos corresponsales de medios de comunicación que solo hacen su labor en el clímax de la expresión aguda.
Sabemos qué lo que pasó cobró mayor relevancia en la propia agenda pública. A nuestro juicio, Michoacán, siendo francos, ha ido caminando por la dirección correcta con la gestión de Alfredo Ramírez Bedolla. La obra e infraestructura, como nunca antes, se ha visto capitalizada. Son, de hecho, acciones que pide la ciudadanía en esa participación flexible que abrió la administración a través de las audiencias. Eso ha permitido que la organización, a detalle, propicie las condiciones. En todo este trayecto, desde que Morena ganó el poder institucional, podemos calificar el quehacer como bueno. Todo eso, desde luego, se profundizará con el Plan Michoacán, que tiene rubros específicos para que la educación, la salud, la seguridad, el campo y el desarrollo, sean los ejes rectores. Con la apuesta de Claudia Sheinbaum, en definitiva, habrá mayor certidumbre de lo que, repito, será el parteaguas del progreso social.
En aras de construir un ambiente propicio, desde luego, la participación de la sociedad, más allá del tema de partidos, debe ser por el bien de México. Aquellos que andan pidiendo la intervención de otras naciones, de plano, no tienen conciencia de lo que significa la democracia y la soberanía. No podemos imaginar como otros países vengan e irrumpan. Eso sería, ni más ni menos, pisotear esa emancipación que nació de los movimientos sociales como la independencia y la revolución. De hecho, podemos proclamarnos una nación autónoma; es decir, una república que se rige por la división de poderes. Por eso todo eso que pasa, que se aprovechan de las desgracias, son manifestaciones de una intentona de desestabilizar la gobernabilidad.
Son momentos de unidad, pero también de solidaridad. Aplaudo la postura que tomaron los gobernadores para condenar toda aquella acción que sea al margen de la ley. Aquellos que se han prestado para ello, evidentemente, deben hacerse cargo de las consecuencias de sus actos. Dañar monumentos históricos, lo mismo que patrimonios, es considerado un delito. En ese desplegado del que hablamos, en efecto, firman gobernadores que han respaldado la política pública de Claudia Sheinbaum. Entre ellos, Eduardo Ramírez Aguilar, Alejandro Armenta, Margarita González Saravia, Evelyn Salgado, Alfredo Ramírez Bedolla, Rocío Nahle, Clara Brugada, Alfonso Durazo, Víctor Castro, Julio Menchaca y Salomón Jara. A su vez, los que también pasaron a defender a la mandataria, fueron alcaldes de ciudades importantes como Ciudad Juárez, de Cruz Pérez.
Tan solidarios como siempre, algunos legisladores y secretarios de estado, como Ricardo Monreal, Juan Ramón de la Fuente y Marcelo Ebrard, se sumaron al llamado para condenar los hechos tan lamentables que orquestaron aquellos manifestantes que, haciéndose pasar por transeúntes, provocan disturbios y golpean a gente. En Puebla, por ejemplo, un joven lanzó una piedra en la cabeza a un señor de la tercera edad. Se ve claramente en las imágenes que circularon en las redes sociales. Fue una postal que, de plano, nos causó indignación, especialmente por la cobardía de atacar por la espalda a una persona indefensa. De hecho, el propio Gobernador Alejandro Armenta, con los encargados de comunicación social, rápidamente emitieron su postura para sumarse al llamado pacífico.
Desde luego que la consigna, para propiciar el diálogo flexible y la comunicación con las autoridades, cabe en la legítima manifestación pacífica. Exigir respuestas y mejores condiciones, sea del gobierno que sea, se vale, siempre y cuando en el marco del Estado de derecho. Aunque, más allá de eso, lo que vemos son conflictos de intereses. Muchos se quieren aprovechar de las circunstancias para sacar raja. Lo ha hecho el propio Vicente Fox, o el mismo Ricardo Salinas. Es verdad, los espacios públicos, con civilidad, pueden ser punto de encuentro para albergar el clamor social. Lo han realizado todas las expresiones, incluyendo el propio Andrés Manuel López Obrador. La gran diferencia, entre una y otra, fue el entorno que prevaleció.
El plantón de Reforma, de los tiempos de lucha, fueron legitimados por la sociedad porque se hicieron en un ambiente de paz. No dañaron monumentos históricos ni patrimonios culturales. La inconformidad, justa por los hechos, siempre es válida, de eso no tenemos duda. Por eso el punto de quiebre para la oposición es que, de cuerpo entero, sacan a flote las estrategias perniciosas. Siempre lo intuimos, pues los propios personajes más visibles de la oposición fueron los que encabezaron esta marcha que, se supone, era convocada por jóvenes. De la mayoría que asistieron a marchar, lo vimos, no fueron precisamente adolescentes. Lo que pasó, sin duda, es que se desvirtuó la consigna de la libre manifestación.




