De frente y de perfil
Una vez concluida la participación de la Selección Mexicana de fútbol en la Copa del Mundo 2026 tras caer (con honor) ante la poderosa Inglaterra en la fase de octavos de final, nos quedan varias enseñanzas, dentro de las que destaca que cuando las y los mexicanos nos unimos en torno a un propósito común podemos llegar muy lejos. Tanto en lo deportivo como en lo relacionado con nuestro destino como sociedad y país.
En el ámbito futbolístico, la Selección se convirtió en un verdadero equipo que, bajo la tutela del “Vasco” Javier Aguirre y su cuerpo técnico, logró definir en muy poco tiempo una idea de juego altamente efectiva donde la pasión, la “garra”, la perseverancia y el amor a la camiseta fueron determinantes para encarar el torneo más importante del balompié a nivel mundial. En tanto, la reacción social correspondió a esa entrega del tricolor y se unió en una fiesta en la que las diferencias quedaron de lado. Porque la prioridad era apoyar desde las redes, las gradas y las calles al equipo nacional.
Fue de verdad alentador atestiguar que, a pesar de años de polarización, división y encono alentados desde el discurso (la “narrativa”) de Palacio Nacional, millones de mexicanas y mexicanos pudieron unirse en torno a México y su equipo. ¡Creámonosla! Porque somos más los que deseamos el bien de México y juntos podemos enfrentar nuestros históricos y recientes males: abatir la inseguridad, la desigualdad y recuperar los derechos y las libertades tan erosionados que hoy están en jaque.
Esa unión que suscita nuestro representativo nacional debe inspirarnos para convencernos de que como sociedad podemos y debemos trasladar ese sentimiento y esa actitud a los asuntos más trascendentales de la vida misma, como lo es evidentemente la construcción de un mucho mejor mañana y destino como nación.
Ya lo hemos atestiguado en el pasado. Hay evidencia de ello. Sin el empuje ciudadano hubiesen sido inexplicables logros de gran valor como lo fueron en su momento los que trajo consigo el complejo proceso de la transición hacia la democracia que hizo efectivo el voto. Aquí también vale la pena rememorar reformas que, como las conseguidas en el marco del Pacto por México, empoderaron a la gente en ámbitos como el de la educación de calidad, la competencia económica y las telecomunicaciones, entre muchas otras.
Hoy más que nunca, ante los riesgos de que se consolide un régimen de evidentes pulsiones dictatoriales con altas capacidades destructivas, las y los mexicanos, el empresariado, la intelectualidad, las fuerzas políticas opositoras, todas las expresiones de la muy plural sociedad mexicana, debemos apostar a esa unión en lo esencial para defender los valores liberales y democráticos .
No se trata de una ingenuidad ni de pretender uniformar visiones. Se trata de asumir un pragmatismo consciente para consolidar un polo comprometido con la democracia y que entienda la importancia de atender los rezagos sociales, priorizando el bienestar de los más desfavorecidos, para así reconstruir lo derruido por la dizque “4T” y derrotarlos en las urnas. No hay cabida para posturas que, supuestamente por “potenciar su marca” (PAN, MC), acaben siendo esquiroles de una mayor convergencia de esfuerzos.




