Luisa Obrador: la recaudación cae y la simulación asciende
La situación por la que atraviesa nuestro país se puede caracterizar como la de un Estado con un déficit de gobernabilidad y una acelerada erosión institucional, como lo dice en su magnífico libro el reconocido constitucionalista mexicano Diego Valadés (“Constitucionalismo y Gobernabilidad”) editado recientemente por el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.
“El déficit se advierte en la disminución y a veces en la pérdida del dominio gubernamental sobre áreas geográficas oprimidas por la delincuencia; en la dificultad de contrarrestar las acciones delictivas que afectan actividades públicas y privadas, como el robo de combustibles o el secuestro y la extorsión de personas, y en la impunidad del delito”, apunta Valadés. En tanto que la erosión y deterioro institucional lo hemos constatado en días pasados con las atrabiliarias reformas legales que subrayan “el acentuamiento del absolutismo presidencial” y la ruta hacia un reforzado autoritarismo de contenido dictatorial.
Los legisladores de Morena y sus aliados, sin tomar en cuenta las propuestas de la oposición ni las opiniones críticas de reconocidas voces de catedráticos, analistas y de la sociedad civil, siguieron con la costumbre obradorista, ahora impulsada por Sheinbaum, de no cambiar nada esencial de las propuestas oficialistas que pretenden un mayor control sobre la sociedad para enfrentar, en cuanto se llegue a presentar, algún desbordamiento de cualesquiera protesta ante la incapacidad gubernamental para manejar posibles crisis políticas o sociales.
Yo no soy de los que apuestan a que la única esperanza que tenemos para librarnos del autoritarismo morenista sean los golpes provenientes del gobierno de Trump contra otras instituciones financieras "lavadoras de dinero" o contra narcopolíticos y narcogobernantes de Morena. Es bastante probable que esto suceda, pero solo lo harían en función de los intereses, cálculos y ritmos de los Estados Unidos y no porque quieran venir a “salvar” la democracia mexicana. Sin embargo, ésta es una variable que cada día se va configurando como una constante en la delicada ecuación política de México.
Dicho de otra manera, sin desconocer el factor EU, las motivaciones principales para detener el proceso de descomposición de nuestra democracia tendrán que venir –y seguramente vendrán- desde dentro de México. Porque a los componentes del déficit de gobernabilidad señalados por Diego Valadés, hay que agregar el de la corrupción, cuyos escándalos del sexenio pasado y del actual siguen saliendo a borbollones a la luz pública y el gobierno actual es incapaz de controlarlos y mucho menos de combatirlos realmente.
La exacerbación de la impúdica concentración del poder presidencial es intrínsecamente incompatible con la democracia. Y una sociedad como la nuestra, que ya ha conocido el valor de vivir en democracia, no soportará que se juegue con su vida y sus libertades.
Como muchos han advertido, y aquí en estos espacios lo hemos señalado, cuando se cierran los canales para encauzar las disidencias propias del pluralismo político, se corre “el riesgo de resbalar hacia una especie de guerra civil de baja intensidad donde los antagonistas buscan su respectiva eliminación”. Eso ya lo vivimos hace más de 50 años, previamente a la transición a la democracia.
Sólo que ahora "los juniors de la democracia”, las elites morenistas que se sienten herederas de la historia nacional, pero que se comportan como “nuevos ricos de cuello blanco” (y a veces no tan blanco), piensan que pueden hacer con el país y las instituciones lo que les venga en gana y no se dan cuenta de que están cavando su propia tumba. En su ignorancia y soberbia no alcanzan a ver el riesgo de una crisis fiscal, riesgo acrecentado por la anunciada recesión económica, por lo que el presupuesto oficial no les alcanzará por mucho tiempo para manipular a la mayoría de la población con los necesarios programas sociales, ante lo cual los reclamos y descontentos empezarían a presentarse.
Y será también en ese momento cuando la potencialidad de la muy amplia sociedad civil empezará a manifestarse de muy diversas maneras, incluida la posibilidad de la resistencia civil.




