Al derecho y al revés
En el corazón de Michoacán, donde el viento acaricia las aguas del Lago de Cuitzeo y la vida de los pueblos originarios se entrelaza con la tierra, el arte y la esperanza, el Centro Cultural FODARC, presidido por Lázaro Vega, se ha convertido en un espacio vivo de transformación social y comunitaria, así lo podemos constatar quienes hemos tenido la oportunidad de trabajar procesos comunitarios para compartir saberes, experiencias y conocimientos.
Desde su fundación, el Centro Cultural FODARC ha asumido una tarea profundamente humanista: fortalecer las comunidades originarias y ribereñas, promover la cohesión social y generar procesos holísticos y sistémicos que impulsen la participación activa de las autoridades, pero sobre todo, de la gente, la base de su proyecto es su gente, la generosidad y siempre comunalidad de su gente.
Bajo el liderazgo de Lázaro Vega, FODARC viene trabajando con distintas comunidades ubicadas en Santa Ana Maya, Chucándiro, Cuitzeo, Acuitzio y otras comunidades de la región, creando puentes entre la tradición y la modernidad, entre la cultura y la acción social. Sus proyectos integran el arte, la educación ambiental y la defensa de los derechos humanos, con una visión profundamente arraigada en la dignidad de las personas y el respeto a la naturaleza, como explicaba en el telebachillerato de Mariano Escobedo, el biocentro, la vida al centro, y desde ahí el respeto por los seres vivos, y su relación con los elementos de la naturaleza en unicidad.
Tuve la oportunidad de conocer a Lázaro Vega en Mariano Escobedo, una pequeña localidad de pescadores a la orilla del lago. Allí, en un entorno de humildad y sabiduría, trabajamos con adolescentes en temas vinculados al medio ambiente, la dignidad humana y el fortalecimiento de sus derechos y libertades. Fue evidente que el trabajo de FODARC no se limita a la promoción cultural: es una apuesta por el futuro, por la paz y por el desarrollo humano integral, un trabajo que construye sobre bases de epistemología de sur, sobre los saberes y la ética de los cuidados.
Me expresaba Lázaro: “Cada comunidad tiene su propio ritmo, su propio modo de entender el mundo, es decir sus cosmovisión”, así como “Nuestro trabajo es acompañar a la población, no imponerles. La cultura es el puente más noble para el diálogo y la transformación”, muy interesante que jóvenes estén atendiendo procesos sociales, formativos e informativos para la sustentación de nuestra realidad y espiritualidad.
Con acciones concretas, el Centro Cultural FODARC impulsa talleres de arte, encuentros comunitarios, actividades educativas, deportivas, de limpieza y ambientales, fortaleciendo los lazos de identidad y pertenencia. Su impacto trasciende las fronteras locales, porque promueve una educación emocional, crítica y comunitaria, necesaria para reconstruir el tejido social desde el respeto y la solidaridad, así como el manejo de la salud mental.
En tiempos de desencuentro y fragmentación, el trabajo de Lázaro Vega y su equipo es un ejemplo de cómo el arte y la cultura pueden devolver esperanza, sentido y dignidad a los pueblos. FODARC es hoy un testimonio de que la paz se construye desde lo local, desde la orilla del lago, desde el corazón de la gente que cree que otro mundo es posible; desde la Fundación El Sol, sede de la Embajada en México, nos congratula el trabajo de atención a población originaria que realiza FODARC.




