La opción
En muchas situaciones de la vida de pareja, el amor termina confundido con control, manipulación y miedo. Regularmente hay relaciones en las que uno de los miembros generalmente con rasgos narcisistas construye un discurso donde siempre tiene la razón, todo aquello que es malo o negativo siempre será culpa de la pareja y los logros son atribuidos exclusivamente a sí mismo. En este tipo de vínculos, la validación hacia la pareja prácticamente no existe.
El narcisista necesita admiración constante. Requiere sentirse superior, indispensable y central en la relación. Sin embargo, esta necesidad rara vez va acompañada de una capacidad genuina para cuidar, escuchar o reconocer al otro. Las muestras de afecto, atención o “amor” suelen aparecer solo cuando le conviene: para mantener el control, evitar el abandono o reforzar su imagen. El vínculo se convierte así en una relación profundamente desigual, desde la mirada narcisista siempre tiene que dársele validación y absoluto reconocimiento. Con el paso del tiempo, esta dinámica erosiona la autoestima de la pareja. La descalificación constante, la invalidación emocional y la manipulación generan una dependencia negativa: la persona comienza a creer que no vale lo suficiente, que nadie más podría quererle o que estar sola sería peor que soportar el maltrato. El miedo a terminar la relación se vuelve más fuerte que el deseo de estar bien, prácticamente estar bien no importa.
No es casualidad que este tipo de personalidades suelan vincularse con parejas de rasgos volubles, sumisos o con baja autoestima. Personas que han aprendido, muchas veces desde la infancia, a adaptarse, a callar y a priorizar las necesidades del otro por encima de las propias. En estas relaciones, el control se normaliza y el abuso emocional puede escalar, incluso, a la violencia física. En algunos casos, el temor a la separación es tan grande que se prefiere soportar el maltrato antes que enfrentar la ruptura. Aquí es importante detenernos y reflexionar: amar a alguien no significa colocarlo por encima de uno mismo. El amor no debería implicar perder la voz, la dignidad ni la identidad. Ninguna relación justifica la humillación, el miedo o la anulación personal. Cuando el amor duele de forma constante, deja de ser amor y se convierte en una forma de violencia.
Suele ser un tanto difícil identificar los patrones que existen en las relaciones narcisistas, comprender de dónde surgen y por qué se repiten. Este tipo de conductas suele estar profundamente relacionado con la forma de haber vivido la propia historia de vida, la construcción de la autoestima y los vínculos tempranos con las figuras parentales o quienes asumieron ese rol.
Hay quienes hoy día están piensan que no pueden salir de una relación de pareja con un narcisista, pero siempre se puede lograr vivir de una manera diferente para sentirse mejor, por eso es importante buscar en todo momento el tener equilibrio emocional, trabajar esas emociones complicadas y establecer en todo momento límites adecuados.
Mi opinión no busca señalar ni etiquetar, sino invitar a la reflexión. Si te reconoces en alguna de estas dinámicas, es importante saber que no estás sola o solo, y que pedir ayuda no es un signo de debilidad, sino de valentía. Siempre es posible reconstruirse, reaprender a amar y salir de relaciones donde el control y el maltrato se disfrazan de amor.
| Armando Arredondo Paredes |
Doctor Honoris Causa. Psicólogo Clínico. Psicoterapeuta Individual y de Pareja. Conferencista Internacional Certificado. Analista en Radio y Televisión.
Psicoanálisis Contemporáneo. | Psicólogo Clínico.




