Némesis
En una sociedad tan polarizada políticamente como la nuestra es difícil ser oposición sin ser descalificado desde el poder, como también es difícil ser opción no contestataria, sino propositiva, sin ser visto con ojos de sospecha por las distintas oposiciones. Y sin embargo, hay que buscar el justo medio para enfrentar exitosamente al acentuado autoritarismo en ruta de consolidación.
Asumo que es sumamente complicado encontrar ese “justo medio” en un momento en el que las señales oficialistas frente a cualesquiera críticas opositoras, vengan de donde vengan, son de absoluta cerrazón. Y, entonces, lo único que queda es “pagar con la misma moneda”, aunque el peso del poder con su manejo mediático sea muy superior al peso que tienen las críticas opositoras.
Sin embargo, ese “peso del poder” se va devaluando aceleradamente ante nuestros ojos debido a la incapacidad oficial para mantener bajo control los hilos de la gobernabilidad, así como por los escándalos inocultables de corrupción de los altos dirigentes de Morena y de impoprtantes funcionarios gubernamentales, muchos de ellos señalados por sus nexos con el crimen organizado hasta en las obras insignia del gobierno de AMLO, como Dos Bocas y el Tren Maya.
La presión estadunidense con el argumento del combate a la producción de fentanilo en México y su trasiego criminal al vecino país del norte ha obligado al gobierno mexicano a tomar importantes medidas de combate contra poderosos grupos delictivos de nuestro país, como desgraciadamente no se quiso hacer, aunque se pudo, en el pasado sexenio obradorista. La inacción de la anterior administración morenista confirmó los señalamientos internos y externos sobre una complicidad de altos funcionarios gubernamentales con capos de los carteles delictivos para ganar elecciones por candidatos oficialistas . Eso tuvo como consecuencia que el poder de la delincuencia se extendiera a varios estados de la república, que ahora controlan a una gran parte de las autoridades locales, así como las actividades económicas, incluida la del comercio ilegal de combustibles, producto del huachicol.
Todo eso, y muchas cosas más que se han ido revelando en los últimos días, evidencia la podredumbre de este proyecto político gobernante y su ya evidente derrota moral para dirigir los destinos de nuestro país a mejor puerto.
No puede negarse que el proyecto obradorista ha tenido la capacidad de volcar una impresionante masa de recursos públicos hacia las familias más necesitadas de México mediante varios programas asistencialistas. Y que esa era una deuda social que, afortunadamente, se ha estado pagando en estos últimos años.
Lo lamentable y criticable es que ello se ha utilizado como una mercancía para comprar votos (a cambio del hambre de la gente) y con el costo de una enorme deuda pública que está poniendo en riesgo el funcionamiento de la economía nacional.
Dicho de otra manera, el gigante Morena que tenemos enfrente, siendo hoy muy poderoso, ya parece un gigante con pies de barro, o con pies de dinero proveniente de los grupos criminales. Y eso ya les está haciendo crisis.
Frente a eso, lo más sensato y aconsejable es que exista una oposición responsable, esencialmente propositiva, que no sólo exhiba el fracaso del gobierno, sino que deje claro que el rumbo del país no debe ser necesariamente hacia la derecha, sino dar un golpe de timón en favor de una opción socialdemócrata, una opción progresista y democrática, que conjugue equilibradamente las libertades y el equilibrio de poderes, con la necesaria igualdad y justicia social.
Una nueva organización partidista puede surgir, así, exitosamente en esta hora convulsa del país. Es hora de sumar voluntades y fuerzas con todos los que queremos mantener y fortalecer un México de libertades , con mayor justicia social y respeto al estado de derecho.




