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Foto: Archivo

Columna empresarial/Santiago Galicia Rojon

Santiago Galicia Rojon/Quadratín
 
| 17 de julio de 2017 | 14:57
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Uno de los problemas de México es la ausencia de proyectos de nación, estado y municipio. Parece que el rumbo lo definen los intereses de partidos, líderes, funcionarios y políticos en turno, lo que ocasiona una dispersión total de esfuerzos y recursos que definitivamente, al final, conducen al vacío, al subdesarrollo, a la miseria.

El caso del municipio de Morelia, por ejemplo, es muy claro. En cierto rumbo de la ciudad, sobre el borde del río Chiquito, alguien tuvo la ocurrencia de construir con recursos públicos un parque lineal con pista para caminar o correr y en algunas zonas hasta aparatos para hacer ejercicio al aire libre y bancas.

Los aplausos serían muy merecidos si ese proyecto se hubiera llevado a cabo en un área diferente, en un sitio donde realmente la población resultara beneficiada, principalmente en zonas en las que resulta fundamental reforzar la convivencia, fomentar las relaciones vecinales y estimular una vida sana por medio del deporte y una alimentación sana. Los aplausos serán, cuando se inaugure, para que los capten los medios de comunicación.

Más allá del precio excesivo por metro cuadrado, se trata de un proyecto estéril. Una obra tan sencilla, ha requerido bastante dinero y tiempo para su ejecución; además, es un proyecto que insulta a los morelianos, ofende la dignidad humana, porque se encuentra al lado de una cañería colectiva, a unos metros de desagües de sanitarios y aguas residuales de gran cantidad de hogares y comercios.

Habría que consultar a especialistas reconocidos y a la misma Organización Mundial de la Salud, para evitar opiniones amigables y parciales, su opinión acerca de correr, caminar y hacer ejercicio al lado de un caño gigantesco como es el río Chiquito. Tendríamos que preguntar a las autoridades si estarían dispuestas a ejercitarse diariamente en ese parque lineal, acompañadas de sus hijos y familia, entre automóviles, camiones y motocicletas que transitan velozmente y aguas sucias e infectadas que provienen de sanitarios. Claro que no lo harían, y si se atrevieran a utilizarlo sería para exhibirse ante los medios de comunicación, justificar sus acciones y proyectar su imagen.

Este proyecto que ahora pretenden adornar con bancas, plantas y otros elementos, resalta con las discusiones sobre convertir Santa María en destino gastronómico, tema en el que parecen existir controversia, intereses y problemas, cuando se requieren, para su materialización y éxito, diseño de un proyecto de la zona que involucre a todos los sectores, estrategia y orden.

Imagine el lector si el jardín público de Santa María o algún predio municipal contara con espacios dignos y reglas claras sobre su operación para convertirse en plaza del mole y los antojitos. La economía callejera se formalizaría y los negocios gastronómicos tendrían la responsabilidad de operar con reglas de higiene, sin abusos y libres de presiones de grupos y partidos con intereses contrarios a los del progreso.

Una plaza gastronómica con locales bien dispuestos, seguramente atraería a los moradores de la ciudad y a no pocos visitantes. Cuánta gente desea comer en un sitio que a pesar de los rasgos de modernidad, todavía conserva su rostro típico. La gente tendría opción de comer en una plaza limpia y ordenada o llevar sus alimentos a otra parte. Buen número de clientes solicitarían arroz, mole, frijoles de la olla, tortillas elaboradas mano, o en la otra área tacos, quesadillas, sopes, enchiladas.

Esto ordenaría el comercio, ingresarían recursos económicos a la administración municipal vía renta de locales e impuestos y se generarían empleos y reactivación económica en la localidad. Los beneficios se extenderían a otros comercios y sectores de Santa María.

Desde luego, los más interesados en que prevalezca el orden son los habitantes de Santa María de Guido, quienes indudablemente representarían verdadera medida de presión para contar con mayor vigilancia y evitar basureros, escándalo y tugurios.

Si a la zona gastronómica se le sumaran recorridos turísticos a sitios pintorescos como el tradicional Montecito del Calvario, muy cercano al jardín principal, del que la tradición relata que los insurgentes lo formaron para ocultar armas y municiones, e incluso tesoros, o a la capilla colonial, en la que alguna vez del siglo XIX se refugiaron José María Morelos y su ejército y cuya inscripción de 1684 recuerda otros días de la entonces Santa María de los Altos, seguramente la dinámica de la economía local sería muy diferente a lo que ahora es.

Morelia, la capital de Michoacán, tiene el reto de crear mayor número de empleos formales y permanentes. Lejos de discusiones y polémica, proyectos como el de transformar Santa María en zona gastronómica traería como resultado el fortalecimiento del autoempleo y la oportunidad de crear fuentes laborales adicionales.

Si las autoridades municipales y estatales se jactan de apoyar la estimulación de fuentes de trabajo, deben impulsar todos los proyectos productivos que resulten viables. El mismo Heliodoro Gil Corona, coordinador de Proyectos Especiales dentro del Colegio de Economistas del Estado de Michoacán, aceptó ante los representantes de los medios de comunicación que la meta oficial de crear 50 mil puestos laborales este año se encuentra muy lejos de materializarse, ya que apenas se lograron, entre enero y junio, 15 mil 553 plazas. Esta cifra apenas representa 31.1 por ciento de la meta oficial, lo que significa que de julio a diciembre del presente año habrá que crear 34 mil 447 puestos laborales en la entidad, cifra que difícilmente se alcanzará si se toman en cuenta las condiciones económicas desfavorables del municipio y el estado.

De acuerdo con el especialista, ciertos factores sostienen la economía michoacana, como son los casos, verbigracia, del repunte de 10 por ciento en las actividades del campo, 8.4 por ciento en la actividad industrial y 27.7 por ciento, en 2016, de las remesas familiares, que transitaron de 40 mil 223 millones de pesos un año antes a 51 mil 351 millones de pesos en la fecha referida. La estimación de crecimiento de remesas familiares durante el primer semestre de 2017, en Michoacán, es de 7.2 por ciento, es decir aumentaron de 24 mil 324 millones de pesos en 2016 a 26 mil 70 millones de pesos en los primeros seis meses del año.

Ante una economía tan endeble como la del municipio y la entidad, resulta injustificable orientar la atención y los recursos públicos a obras que carecen del respaldo y utilidad social, y olvidar, en cambio, las acciones que verdaderamente estimularían la generación de empleos y riqueza, traducidos finalmente en crecimiento sostenido y beneficios colectivos.