Teléfono rojo
Los resultados de las elecciones para diputados locales en Coahuila el domingo 7 de junio demuestran que Morena no es invencible, que puede perder elecciones (no ganó ninguno de los 16 distritos en disputa), que la ciudadanía castiga la corrupción y a los narcogobiernos, y que es falso que todas las personas que reciben apoyos mediante programas sociales son votos cautivos del gobierno, ya que sólo la mitad de estos ciudadanos sufragó por Morena en estas elecciones.
Otra de las enseñanzas fundamentales es que sí hay oposición que gana y puede seguir ganando elecciones cuando hace buenos gobiernos que se acreditan ante la sociedad por sus resultados, si seleccionan buenas candidaturas y se hacen buenas alianzas con otras fuerzas opositoras, además del necesario trabajo en territorio, todo lo cual se conjugó en Coahuila a favor del PRI.
Y un tercer elemento, pero no por ello menos importante, es que la gente premia las alianzas y castiga la división política que favorece a Morena. Los números no mienten, ahí están a la vista de todos: el PAN perdió su derecho a prerrogativas como partido local al haber quedado con menos del 3 por ciento de la votación, al igual que MC (y el Verde que así paga su salida de la coalición morenista). ¡Es el peor resultado electoral del blanquiazul en ese estado norteño!, lo cual demuestra que es erróneo el argumento de que aliarse con el PRI les resta votos.
De 7 diputados locales que actualmente tiene el PAN como resultado de la pasada elección en la cual fue aliado del PRI y PRD, ahora no tendrá uno sólo.
Aun cuando se trata de la elección en un estado que siempre ha ganado el PRI, aliado con otras fuerzas, este triunfo en la coyuntura actual es de una gran importancia estratégica y de alcances nacionales. Porque hay muchos datos en el escenario global que nos hablan de que Morena ha entrado en su fase terminal como partido gobernante.
La reciente aparición pública de López Obrador supuestamente para defender la soberanía ante las exigencias por parte del gobierno de los Estados Unidos de que el de México detenga con fines de extradición a Rocha Moya y a otros 9 cómplices morenistas sinaloenses, así como para defender a Sheinbaum (ella abierta y fácticamente confesa de encabezar un narcogobierno) es la demostración de la desesperación en la que se encuentran.
López Obrador sabe que los estadounidenses lo tienen identificado como la cabeza del narcorégimen mexicano y que pueden señalarlo públicamente e incluso hasta amenazarlo con venir por él. Andrés Manuel sabe perfectamente que de la mano con Claudia Sheinbaum entregaron una parte importante de nuestra soberanía nacional al permitir al crimen organizado el control del 40% del territorio nacional para ganar elecciones. Sabe también que recibieron, vía Mario Delgado y Américo Villarreal, recursos del huachicol fiscal y contrabando de combustibles. Son ellos, Sheinbaum y López Obrador, los responsables principales de que pueda darse una intervención, autorizada o no por México, de fuerzas especiales norteamericanas (CIA, DEA, entre otras) contra narcoterroristas y/o narcopolíticos de Morena, con AMLO a la cabeza.
Muchas voces hablan de que pronto habrá nuevas acusaciones públicas del Departamento de Justicia de ese país contra personajes oficialistas de este lado de la frontera. Por eso no es exagerado afirmar que Morena ha entrado en su fase terminal como partido gobernante. Su vulnerabilidad se visibiliza con mucha claridad en las comentadas elecciones de Coahuila.
Aunque hay que decir que esa “crisis terminal” puede durar muchos años si la oposición política y la sociedad civil identificada con los valores democráticos no unen sus fuerzas.
Tanto en Michoacán, Sinaloa, Sonora, Baja California y Baja California Sur, como Tamaulipas, Morena puede ganar si la oposición va dividida.
Ahí están los datos y los retos.




