Reflexión dominical
Ganar una contienda interna puede otorgar una coordinación. Construir un proyecto requiere mucho más.
Carlos Torres Piña enfrenta ahora una etapa probablemente más compleja que la que acaba de concluir. Después de un proceso interno competido, con liderazgos, estructuras e intereses distintos, su primera tarea será convertir una suma de expresiones políticas en un proyecto capaz de caminar junto.
Él mismo ha colocado el diálogo, la reconciliación y la unidad como elementos centrales de esta nueva etapa. Y hace bien en reconocer el tamaño del desafío: la unidad no se decreta, se construye.
Pero construirla exige algo más profundo que fotografías, reuniones o declaraciones de respaldo.
Requiere sumar.
Y sumar no puede significar solamente incorporar a quienes estuvieron del lado ganador. Tampoco repartir espacios como cuotas de consolación entre los distintos grupos que participaron en la contienda.
La verdadera operación cicatriz tendría que comenzar reconociendo que en las diferentes expresiones de Morena y sus aliados existen mujeres y hombres con experiencia, capacidad, territorio, conocimiento técnico y legitimidad propia.
Sumar a los mejores hombres y mujeres debe ser, sin duda, una de las prioridades de Carlos Torres Piña en esta nueva etapa.
A quienes estuvieron con él, naturalmente.
Pero también a quienes caminaron con Fabiola Alanís, con Gladyz Butanda, con Raúl Morón y con las demás expresiones que participaron en el proceso.
Porque una elección interna determina quién conduce; no debería determinar quién tiene talento.
Michoacán llegará a 2027 enfrentando desafíos que trascienden cualquier grupo político: seguridad, extorsión, desarrollo económico, empleo, infraestructura y desigualdad regional, entre muchos otros.
A ello se agrega un escenario particularmente complejo en materia de seguridad y violencia político-electoral. Por sus antecedentes recientes, Michoacán aparece inevitablemente en los análisis nacionales sobre los riesgos que acompañarán el proceso de 2027.
Por eso, más allá de que algunas columnas hayan comenzado a hablar de Michoacán como un “foco rojo” para Morena, lo verdaderamente importante es entender las razones que alimentan esa preocupación.
En un escenario así, desperdiciar talento por diferencias internas sería un lujo demasiado costoso.
Carlos Torres Piña tiene hoy la oportunidad de demostrar que la reconciliación que ha ofrecido no consiste simplemente en pedir adhesiones, sino en abrir espacios para que distintas capacidades participen en la construcción del proyecto.
Eso implica escuchar a quienes no estuvieron con él.
Incorporar capacidades provenientes de los distintos grupos.
Reconocer experiencia más allá de las lealtades personales.
Y entender que los mejores equipos políticos no son necesariamente aquellos donde todos piensan igual, sino aquellos capaces de convertir sus diferencias en soluciones.
La llamada operación cicatriz será exitosa no cuando desaparezcan las diferencias —porque eso difícilmente ocurrirá—, sino cuando esas diferencias dejen de impedir la construcción de acuerdos.
La unidad tampoco exige unanimidad.
Exige propósito común.
Y aquí hay una responsabilidad compartida.
Quienes participaron en el proceso interno también tendrán que decidir qué hacer con el capital político que construyeron. Las diferencias son legítimas; la inconformidad también puede serlo. Pero ningún proyecto colectivo puede construirse si cada proceso interno termina convertido en una ruptura.
Para Carlos Torres Piña, en cambio, conducir implica algo adicional: generosidad.
La generosidad política de entender que no todos los buenos estuvieron con él.
Que también existe talento entre quienes respaldaron otros proyectos.
Y que gobernar —o aspirar a hacerlo— requiere ampliar, no reducir.
Quizá ésa sea su primera gran prueba después de asumir la coordinación: demostrar que tiene capacidad para construir algo mucho más grande que el grupo que lo llevó hasta ella.
Porque Michoacán no necesita un proyecto de vencedores y vencidos.
Necesita un proyecto capaz de convocar experiencia, juventud, territorio, conocimiento, sensibilidad social y capacidad técnica.
Necesita a sus mejores mujeres y a sus mejores hombres.
Encontrarlos, escucharlos y sumarlos sería un buen punto de partida.
Y quizá también la mejor manera de demostrar que, después de una contienda interna, llegó verdaderamente la hora de sumar.




