Le dicen “El Camaleón”. Es uno de los jefes del grupo delictivo Los Viagra que extorsiona a comerciantes y productores en Salvador Escalante, Taretan, Ario de Rosales y Nuevo Urecho, en Michoacán. En esa zona se produce el 30 por ciento del aguacate que se exporta a Estados Unidos. En una sola noche, se embolsó 50 millones de pesos de cuotas. Arrodillados, los habitantes tienen dos opciones: o entregan gran parte de sus ganancias, o son asesinados.

Así extorsiona el crimen organizado en México. De ese tamaño son sus ganancias. Así se sobrevive en Michoacán.

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Nemesio Oseguera, alias El Mencho – cabeza del cártel más poderoso de México: el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG)-, tiene una querencia: Aguililla. Él es oriundo de esa tierra porque nació en Chila, que pertenece al municipio, y ahora, quiere recuperar el terruño. A sangre y fuego. Hasta donde tope. Sin abrazos, con balazos. Por eso disputa esta localidad de apenas 18 mil habitantes. Las batallas son contra Cárteles Unidos y su brazo armado: Los Viagra, temibles, comandados por Nicolás Sierra Santana, alias El Gordo o El Coruco, ex pistolero de La Familia Michoacana y, posteriormente, de Los Caballeros Templarios.

Y en medio del terror, arrodillados, desamparados, los habitantes de Aguililla y alrededores.

¿Cómo se convirtió Aguililla en un narcoterritorio autónomo controlado por el crimen organizado, con el Ejército y la Guardia Nacional como simples espectadores y mudos testigos de extorsiones, cierre de caminos, amenazas, asaltos, enfrentamientos, muertos, heridos y ausencia de autoridad en los tres niveles? ¿En qué momento se jodió Aguililla, un pequeño poblado enclavado en la sierra madre occidental a 300 kilómetros de Morelia?

En 2016, tras la desaparición formal de las Autodefensas en Michoacán (decretada por el Gobernador saliente, Silvano Aureoles), y el surgimiento de la Policía Rural creada durante el sexenio peñista por el enviado presidencial al estado, Alfredo Castillo – quien sólo uniformó y armó a los grupos de sicarios y pistoleros de manera irresponsable para poder proclamar que las autodefensas ya habían desaparecido-, más de cinco mil armas quedaron en poder de los grupos criminales.

Entonces, esta historia de terror comenzó:

Las reminiscencias de La Nueva Familia Michoacana, de Los Caballeros Templarios y del Cártel de Tepalcaltepec, se aglutinaron en Cárteles Unidos liderados por Juan José Farías Álvarez, alias El Abuelo, apoyados por su brazo armado: Los Viagra. Primero, decidieron apoderarse de la cabecera municipal: Buenavista, y a partir de ahí, avanzar hacia otras poblaciones: Parácuaro, parte de Apatzingán, Uruapan – que hoy se lo disputan con el CJNG- y Aguililla. El objetivo: controlar el tráfico de drogas, extorsiones, secuestros, actividades delictivas y la economía local.

Sin ninguna autoridad que les hiciera frente, Los Viagra se apoderaron del territorio oeste de la entidad. Ellos dictaban las leyes. Ellos decidían cuánto costaba vivir en la zona. Ellos controlaban todo tipo de negocios: producción de limón, de lácteos. Eran los amos.

Hasta que se les atravesó El Mencho. Regresaba el hijo pródigo.

Bajo la promesa a los ciudadanos de liberarlos de la tiranía de los Cárteles Unidos, el CJNG entró, primero, a Buenavista, que pudo arrebatarle a Los Viagra. También tomaron el control de El Aguaje (Bonifacio Moreno), localidad ubicada dentro del municipio de Aguililla. Con armamento más sofisticado, los hombres de El Mencho siguieron avanzando, implacables.

Entonces, Aguililla entró a escena.

Para intentar frenar el avance del CJNG, Los Viagra bloquearon la carretera Apatzingán-Aguililla. Nada ni nadie pasaba sin la autorización de Los Viagra, que montaron barricadas para obstruir el paso. Aguililla y poblados aledaños estaban sitiados por el crimen organizado, y sobrevino el caos: el boyante comercio local y la economía de miles de familias, se desplomaron.

Los Viagra estrangulaban Aguililla en su lucha contra el CJNG. Ante la falta de dinero, comenzó el éxodo: alrededor de siete mil habitantes huyeron de sus tierras, incluidos Chila, El Limón, El Aguaje. Unos, hacia la frontera norte. Otros, rumbo a diversos estados del país. Nadie movió un dedo para ayudarlos: ni el Gobierno estatal, ni el Ejército, ni la Guardia Nacional ni, mucho menos, un Presidente de la República omiso y complaciente con los criminales.

Dos meses y medio después, en abril pasado, el CJNG entra a Aguililla y expulsa a “Los Viagras”, despertando cierta simpatía entre las familias que aún sobrevivían entre el terror y la angustia diaria. Los territorios se dividían: Los Viagra, controlando desde Catalinas (municipio de Buenavista) hasta Apatzingán. El CJNG, de El Terrero hasta Aguililla.

Hasta el momento de entrega de esta columna, la carretera Apatzingán-Aguililla continuaba bloqueada y disputada por ambos grupos criminales. Se dividen el control.

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Los tradicionales capos michoacanos: Nazario El Chayo Moreno, Servando González “La Tuta”, El Chango Méndez, no querían a Nemesio Oseguera, a pesar de ser paisano. El Mencho tuvo que huir a Jalisco, junto con Armando Valencia, de quien era su lugarteniente.

Con el tiempo, Valencia fue detenido (al igual que La Tuta y El Chango, mientras Nazario era abatido por marinos en marzo de 2014), y tras la muerte de Nacho Coronel en Zapopan, El Mencho se fortaleció y fundó el CJNG, cuyo poderío creció de manera notable en los dos últimos sexenios y con López Obrador se ha enquistado hasta convertirse en el cártel de mayor fuerza en México.

Controlando Jalisco y Colima, extendiéndose hacia otros estados, El Mencho regresó a su tierra, después de años de ausencia cuando fue rechazado tanto por “La Familia Michoacana” como por “Los Caballeros Templarios”, pero ahora, al frente de un ejército de pistoleros, con armas de alto poder, y dispuesto a conquistar su terruño.

Enfrentó a Los Viagra. Pelearon Zamora, Los Reyes, Huetamo, Zitácuaro. Aguililla fue ocupado por el CJNG. A partir de ese momento, Los Viagra bloquearon la carretera Apatzingán-Aguililla.

Los Viagra no pueden entrar a Aguililla, pero el CJNG tampoco puede avanzar hacia Buenavista. Están enfrentados. Entrampados. Y en medio, miles de ciudadanos arrodillados por la violencia.

Además del éxodo de michoacanos despojados de su tranquilidad y de sus patrimonios, y bloqueada la carretera principal, cientos de habitantes tienen que hacer viajes hasta por siete horas atravesando la sierra, sobre la brecha, bajo la lluvia en incontables ocasiones, para poder llegar a Apatzingán.

Esa es la pesadilla que hoy enfrentan.

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Los retenes montados por Los Viagra sobre la carretera Apatzingán- Aguililla están a sólo 500 metros de los del Ejército y de los contingentes de la Guardia Nacional -que apenas llegaron a Aguililla hace tres semanas-, muy cerca del 65 Batallón de Infantería. Pero nadie los molesta. Operan y actúan con absoluta libertad. Los soldados solamente ven pasar, cruzados de brazos, a los grupos de sicarios, como si formaran parte del paisaje natural de la zona. Las patrullas de ambos grupos criminales detienen y revisan a quienes se les pega la gana. Nadie lo impide. Abrazos, no balazos.

“Nosotros los vamos a cuidar mejor que el Ejército. No se preocupen”, les dicen pistoleros del CJNG a los habitantes de la zona. Es la ley del narco.

Ese es Aguililla.

Ese es Michoacán.

Ese es México hoy.

*Esta columna se escribió con la colaboración del periodista Miguel García Tinoco, director de la Agencia Notivideo Michoacán.