La opción
El cada vez más complicado caso de “Andy” López Beltrán, hijo de “su majestad”, representa un duro golpe y no un simple mensaje contra el régimen político del obradorismo. Es la señal clara de que el gobierno norteamericano ya pasó a una nueva fase de presiones en contra de su par mexicano, haciendo realidad sus amenazas de que seguirán golpeando tanto a los cárteles del crimen organizado, como a las redes de protección brindada por parte de poderosos funcionarios de este país.
“¡Injerencismo!”, gritaron “Andy” y la señora Sheinbaum. “Estados Unidos quiere golpear a Morena para beneficiar a la derecha”, dijeron a coro los jilgueros oficialistas en lo que dicen es una afrenta a la soberanía nacional mexicana.
El retiro de la visa estadunidense se da a conocer a la par de que el gobierno de Sheinbaum amenaza con coartar la libertad de expresión mediante unos “lineamientos para proteger a las audiencias”, pero que todo mundo ha interpretado como instrumentos para censurar a los medios y comunicadores críticos, ya que fueron acompañados de una lista -que ahora dicen que no es lista; sí, a la manera de los fascistas- de opositores al régimen, quienes hacen públicas sus opiniones muchas veces contrarias a las del gobierno, según lo dio a conocer la consejera jurídica en una de las recientes “mañaneras” presidenciales, donde suele enredarse con sus propias palabras.
Si ya de por sí el momento político de nuestro país es sumamente complicado ante la cercanía de las elecciones de 2027, los acontecimientos de estos últimos días agravan la situación y la tornan aún más preocupante.
De una parte, el proyecto gobernante se debilita mucho más con este trancazo proveniente de los Estados Unidos, por razones que ya la oposición mexicana había denunciado internacionalmente y que no tienen nada que ver con una traición a la patria, sino con hacer valer todos los instrumentos globales que proporciona el Derecho en aras de preservar nuestra hoy tan deteriorada legalidad. Pareciera ser, como ya algunos analistas afirman, que estamos ante el inicio del fin de este régimen de la autodenominada “4T”.
Sin embargo, por otra parte, el comportamiento del obradorismo, gobierno y movimiento, sigue siendo el de la protección a sus narcopolíticos para otorgarles impunidad, mientras continúa con la persecución a adversarios (las amenazas contra Alito), el encarcelamiento de figuras de otros partidos (como con Ruffo y Aguirre) y sigue con las amenazas contra sus opositores, políticos, empresariales y de la variada sociedad mexicana (“Ley Censura”, las listas aquí aludidas y el menoscabado amparo, etc.).
A ello se suma ahora la acusación (la engañifa) de que lo de “Andy” es parte de una estrategia norteamericana para intervenir en nuestro país con miras al 2027. Dicho de otra manera, para empezar a justificar, ya desde hoy, la posible aplicación de la causal –introducida por Morena en la legislación electoral hace unos meses- de anular una elección por supuestos indicios de injerencia extranjera en las campañas a favor de algún partido o candidato. Así que si pierden, amenazan ya con arrebatar.
Pero para su desgracia, a la mala racha que tiene el junior, “Andy”, se suma la revelación de nuevos audios en poder de Latinus según los cuales “Amílcar Olán, amigo íntimo y operador principal de Andy y Bobby López Beltrán, encargó a su hermano Luis Alberto asociarse con una célula del CJNG”. Es gravísimo.
En conclusión, cierto que el obradorismo se ha ido debilitando a causa de sus propios errores (corrupción, impunidad y alianzas con grupos delictivos), y ahora por las decisiones de nuestro vecino del norte (decisiones que en buena proporción toma en el marco de su propia soberanía y estrategia en contra de grupos delictivos). Pero al mismo tiempo, este grupo gobernante se vuelve más agresivo, menos tolerante y más dispuesto a radicalizarse para mantenerse en el poder, cueste lo que cueste. Esas son las oportunidades y los riesgos de nuestra enclenque democracia.




