Esencia de mujer
En los Centros de Reinserción Social (Ceresos), el reto no es solo garantizar seguridad y disciplina, eso no será nunca suficiente. El verdadero desafío, considero, después de haber visitado diversos penales en diversos momentos de mi vida profesional, está en aprender a reconocer al otro, a la otredad expresa Emmanuel Levinas: al compañero de celda, al custodio, al docente, al médico, a la sociedad misma que espera un retorno distinto de quien cumple una condena y que podrá salir libre. Ese reconocimiento se llama alteridad, y es clave para comprender que aun tras los muros de un penal, la dignidad humana no desaparece, está presente y debe ser reconocida por la autoridad en el respeto a los derechos humanos.
En todas las disertaciones que presento en los Ceresos reflexiono acerca de la otredad y su importancia que tiene utilizar la alteridad para la resolución de conflictos, la importancia que nos muestra reconocer al otro en tanto que otro en sus condiciones.
La alteridad, en palabras simples, significa mirar al otro como diferente, en sus diferencias y reconocerlas, pero igualmente aceptar lo valioso, entendiendo la dignidad como un valor. El filósofo Emmanuel Levinas definió la dignidad como el momento en que la ética comienza: cuando frente al rostro del otro surge la responsabilidad. Trasladada la reflexión de Levinas a un Cereso, me pregunto si es que, ¿la persona privada de la libertad debe ser reducida a su delito?, y comprendo que no puede ser así, más bien, debe ser entendida como alguien con historia, capacidades y derechos, es decir, en respeto a la dignidad.
Ejercer la alteridad en prisión no es un concepto abstracto: se vive en lo cotidiano. Está presente cuando un interno puede expresarse sin miedo a la burla; cuando se respeta su derecho a la educación, a la salud y al trabajo sin discriminación; cuando un custodio lo trata con firmeza, pero también con humanidad; cuando los talleres de deporte, arte o cultura se convierten en espacios de encuentro y no de rivalidad.
Incorporar la alteridad al modelo de reinserción significa ampliar la mirada. No basta con los cinco ejes tradicionales —salud, educación, trabajo, deporte y capacitación— si no se acompañan de otros derechos: la libertad de expresión, el respeto a la vida familiar y el reconocimiento de la diversidad cultural y religiosa, el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos. Solo así, la reinserción deja de ser un discurso y se convierte en una experiencia de reconstrucción humana.
En un tiempo donde la violencia y la exclusión parecen marcar el pulso social, pensar la reinserción desde la alteridad es un recordatorio urgente: la paz no se edifica desde la indiferencia, sino desde el reconocimiento de que cada persona, aun tras las rejas, sigue siendo un otro que merece dignidad y respeto.




