Miscelánea, salud y política
Antonia Nava, La Generala
Durante décadas, cuando México gritaba su independencia, ciertos nombres resonaban siempre: Hidalgo, Morelos, Guerrero. Nombres grabados en bronce, enseñados en las escuelas, repetidos en cada plaza. Pero uno faltaba. Una mujer que mandó a cientos de hombres al campo de batalla, que dio todo por esta tierra y que permaneció, por generaciones, al margen del relato oficial. Su nombre es Antonia Nava, conocida con respeto y fervor como “La Generala”.
La presidenta Claudia Sheinbaum la mencionó por primera vez durante la ceremonia del Grito ayer en el Zócalo, junto a las figuras que siempre han estado: Miguel Hidalgo, José María Morelos, Josefa Ortiz, Leona Vicario, Vicente Guerrero, Gertrudis Bocanegra y Guadalupe Victoria. Ya no es un apéndice ni una nota al pie: está en el mismo lugar, con la misma dignidad. Y eso no es solo un detalle: es justicia.
Antonia Nava no fue una espectadora de la historia: la hizo. Fue la única mujer reconocida con el rango de capitana por la Suprema Junta Nacional Americana, liderando tropas en plena guerra, tomando decisiones en el frente, ganándose el respeto de quienes combatían a su lado. No se le dio el mando por favor: lo ganó con valor y entrega. Sin embargo, su nombre fue borrado de los discursos oficiales durante más de dos siglos, como si su rango, su valor y su sacrificio no hubiera tenido valor.
Incluirla en el Grito no es cambiar la historia: es devolverle su lugar. Es reconocer que la Independencia no se escribió solo con plumas masculinas, sino con la vida de mujeres que empuñaron las armas, que organizaron la resistencia, que arriesgaron todo sin esperar permiso ni reconocimiento. Y es también un mensaje claro a las niñas y jóvenes de hoy: la historia también nos pertenece.
En su segundo informe, el estilo de la presidenta se ha definido con nitidez: discursos breves, firmes, sin rodeos, donde la igualdad, la soberanía y el protagonismo de las mujeres ocupan el centro. No se trata de gestos: se trata de mirar el pasado con ojos justos y construir el presente con equilibrio. Antonia Nava no es la única mujer olvidada, pero su nombre abre la puerta a todas las que faltan.
Que su nombre resuene en el Zócalo es un acto de reparación. Que resuene en las escuelas, en las plazas y en cada corazón que ama a este país es la deuda que ahora nos toca honrar. La Generala ya tiene su lugar. Que nunca más la dejemos de nombrar.




