La opción
Las huellas del covid: la generación que aprendió a reconocerse sólo por los ojos
Si a los adultos el confinamiento de la pandemia en 2020 nos dejó marcados, imagínense los niños y niñas que terminaron el preescolar e iniciaron la educación primaria.
Esa generación de infantes, hoy entrando a la pubertad, pasó casi dos años lejos de las aulas. Su educación en esos meses fue en pantallas de una computadora, una tableta o un celular.
No conocieron a su maestra o maestro cara a cara. No tenían un compañero al lado. No jugaron en un patio, no estrenaron uniformes ni tenis.
Muchos y muchas intentaban estudiar con el ruido de su casa de fondo, con un hermano o hermana menor que lloraba, o se reía. Otros fue la primera vez que usaron la tecnología.
Sufrieron, algunos o algunas más, los conflictos entre sus padres, problemas financieros, los problemas de pareja. En algunos hogares quizá hubo violencia, en otros quizá hubo duelo, la pérdida de un ser querido, de algún vecino, de algún amigo o amiga.
Es una generación resiliente, que aprendió a leer, a escribir y a sumar de una forma muy distinta a la de nosotros y nosotras.
Cuando el 5 de mayo de 2023 la Organización Mundial de la Salud declaró oficialmente el fin de la emergencia sanitaria, pudieron verse a los ojos sin mascarillas, sin cubrebocas.
Ya había clases en las aulas, pero sabían que la distancia era la forma de cuidarse. No podían abrazarse. No podían acercarse. Entraron al salón cubiertos con cubrebocas, caretas y botellas de gel antibacterial.
Crecieron creyendo que el rostro de los demás es algo peligroso, que la cercanía es un riesgo, que la sonrisa debe ocultarse.
Esa generación aprendió una lección que no estaba en los libros: que lo más valioso que tenemos unos de otros es la cercanía. Y que nunca debemos esperar tanto tiempo para poder mirarnos a la cara sin miedo.
Esos niños, esas niñas, hoy ya pueden caminar de la mano y entrar a la educación secundaria sanos, comprometidos con la educación. Felices. Aprendimos mucho de ellos. Gracias por ser nuestros maestros de vida.




