Némesis
El inicio del Mundial de Fútbol nos trae de regreso el home office o trabajo desde casa. Suena bien, incluso como un beneficio para las y los trabajadores que
puedan seguir laborando mientras disfrutan de los partidos. Sin embargo, detrás de esta aparente comodidad se esconde una realidad que afecta de manera desproporcionada a las mujeres: el aumento de las violencias de género y la sobrecarga laboral y doméstica que se agudizan cuando el hogar se convierte también en el lugar de trabajo.
Durante los partidos muchas empresas permiten el trabajo remoto para evitar ausencias o distracciones en las oficinas. Pero trasladar la jornada laboral al hogar no elimina las desigualdades estructurales. Para las mujeres, el espacio doméstico nunca ha sido solo un lugar de descanso: es también donde recae la mayor parte del cuidado de hijos, personas mayores, tareas del hogar y labores reproductivas.
Cuando el Mundial se suma a la ecuación, la dinámica cambia: el hogar se llena de ruidos, visitas, horarios alterados y, en muchos casos, actitudes que refuerzan roles tradicionales. Lo que se ofrece como un beneficio puede convertirse en una trampa: la jornada laboral se extiende sin horarios claros, mientras que las responsabilidades domésticas no desaparecen, sino que se suman a la carga profesional.
Violencias invisibles dentro de casa
Expertas en derechos humanos y género señalan que, en contextos donde aumenta la convivencia continua —como ocurre durante el Mundial— también crecen los riesgos de distintas formas de violencia:
- Violencia laboral encubierta: Al no haber separación física entre el trabajo y la vida personal, muchas mujeres reciben mensajes o llamadas fuera de horario con mayor frecuencia. Se les exige disponibilidad total, mientras que se minimiza su tiempo o su concentración, especialmente si se percibe que "están en casa y pueden hacer más".
- Violencia doméstica y psicológica: La convivencia prolongada, el consumo de alcohol asociado a las transmisiones deportivas y la reproducción de estereotipos donde se espera que la mujer atienda las necesidades de los demás —preparar alimentos, servir, mantener el orden— pueden derivar en situaciones de control, humillaciones o incluso agresiones físicas.
- Carga desigual: Mientras se celebra que el trabajo se adapta a los partidos, pocas veces se cuestiona quién se encarga de mantener el hogar funcionando. Para muchas mujeres, trabajar desde casa significa doble jornada: cumplir con sus obligaciones laborales y, al mismo tiempo, asumir el trabajo doméstico que otros dejan de lado para disfrutar del evento deportivo.
El home office puede ser una medida positiva, pero solo si se diseña con perspectiva de género. No basta con permitir laborar desde el hogar; es necesario garantizar derechos: horarios definidos, respeto a los tiempos de descanso, espacios adecuados para trabajar y, sobre todo, acciones para evitar que el hogar se convierta en un lugar de riesgo.
Las autoridades y las empresas tienen una responsabilidad: no difundir el teletrabajo como una solución universal sin advertir sobre sus riesgos. También deben habilitar canales claros y confidenciales para denunciar cualquier tipo de violencia, laboral o familiar, que se presente en este contexto.
El Mundial es un momento de unión y celebración, pero no debe servir para invisibilizar que la flexibilidad laboral no puede ser a costa de la seguridad y los derechos de las mujeres. El verdadero sentido del trabajo desde casa sería construir espacios donde todas las personas puedan laborar libres de violencia, con igualdad de condiciones y respeto por su tiempo y su dignidad.




