Urge reconstruir el andamiaje democrático
Día de las Mujeres Parteras, un homenaje a la sabiduría ancestral
El 19 de mayo de 2026 quedará marcado en la historia de la Ciudad de México como una fecha de justicia y reconocimiento para una labor que ha sostenido la vida y la identidad de nuestras comunidades desde tiempos inmemoriales. Ese día, el pleno del Congreso local aprobó con 53 votos a favor el decreto que instituye oficialmente el Día de las Mujeres Parteras, una medida que busca honrar su trabajo fundamental en el acompañamiento del embarazo, el parto y el postparto, basado en conocimientos ancestrales y tradiciones que forman parte del patrimonio cultural de nuestra nación.
Esta decisión no es solo un acto simbólico, sino el reconocimiento de una labor que durante mucho tiempo permaneció en los márgenes, a menudo sin el respaldo institucional ni la visibilidad que merece. Las mujeres parteras han sido, a lo largo de generaciones, las guardianas de saberes que combinan la observación de la naturaleza, el cuidado integral del cuerpo y el espíritu, y una comprensión profunda de los procesos vitales. Sus prácticas, transmitidas de madres a hijas, de abuelas a nietas, integran rituales, remedios naturales y formas de acompañamiento que ponen en el centro la dignidad y el bienestar de las mujeres y los recién nacidos, ofreciendo una alternativa y un complemento valioso a la atención médica convencional.
Tenemos por ejemplo el caso de Martina, quien había aprendido el oficio de su abuela, quien a su vez lo había recibido de la suya. Creció escuchando que traer una vida al mundo no era solo un hecho biológico, sino un acto sagrado, un momento donde la tierra, el cuerpo y el espíritu se unen. Durante cincuenta años, recorrió a pie las calles, barrios y pueblos de la ciudad, llevando consigo su maletín sencillo: hierbas para preparar tés que aliviaban dolores, ungüentos hechos con recetas antiguas, y sobre todo, sus manos expertas y su voz serena. Había acompañado a más de cuatrocientas mujeres en su embarazo, en el momento del parto y en los días delicados del postparto, siempre guiándose por los conocimientos que habían pasado de generación en generación, y por la sabiduría que solo la experiencia y la conexión con la naturaleza pueden dar.
Hubo tiempos difíciles. Hubo años en que su trabajo fue cuestionado, visto como algo del pasado, algo que ya no tenía lugar en una ciudad moderna y llena de hospitales. A veces, llegaba a las casas y encontraba dudas o miradas de desconfianza. Sin embargo, nunca dejó de ir, porque sabía que su labor era diferente: no solo atendía el cuerpo, sino que acompañaba el alma. En cada parto, recordaba a las mujeres que eran fuertes, que sus cuerpos sabían lo que debían hacer. Les enseñaba a respirar siguiendo el ritmo del viento, les ponía en las manos piedras del río para que sintieran la fuerza de la tierra, y les cantaba canciones antiguas que hablaban de la vida y de la esperanza. También estaba ahí después del nacimiento: enseñando a cuidar el ombligo del bebé, explicando cómo equilibrar las energías de la madre, escuchando sus miedos y celebrando con ellas la llegada de un nuevo ser.
En el contexto de la Ciudad de México, este reconocimiento adquiere un significado especial. Como una de las ciudades más grandes y diversas del país, su identidad está tejida con las historias y los saberes de pueblos originarios, comunidades indígenas y familias que han conservado sus tradiciones a pesar de los cambios sociales y urbanos. Las parteras han estado presentes en barrios, pueblos y colonias, atendiendo partos en hogares y espacios comunitarios, brindando apoyo emocional y orientación, y actuando como puentes entre la herencia cultural y las necesidades actuales de salud.
El decreto aprobado por el Congreso reconoce que su trabajo va más allá de la atención física: es una labor que fortalece los lazos comunitarios, preserva la memoria colectiva y promueve una visión de la salud que entiende el embarazo y el parto como procesos naturales y transformadores, no como eventos que requieren únicamente intervención médica. Con esta medida, la capital del país se suma a otras regiones que han empezado a valorar y proteger estos saberes, reconociendo que la diversidad de enfoques en salud es clave para garantizar que todas las personas tengan acceso a una atención respetuosa, adecuada y acorde a su identidad cultural.
Además, este reconocimiento abre la puerta a nuevas oportunidades: a la creación de programas de capacitación y apoyo, al diálogo entre parteras y personal de salud institucional, y a la difusión de sus conocimientos para que las nuevas generaciones conozcan y valoren esta herencia. Es un paso hacia la equidad de género también, ya que pone en el centro el trabajo de mujeres que han liderado espacios de cuidado, un ámbito históricamente invisibilizado y asociado exclusivamente al ámbito doméstico.
Cada 19 de mayo, a partir de ahora, la Ciudad de México celebrará no solo a las mujeres parteras, sino a todo lo que representan: la fuerza de la tradición, la sabiduría de quienes escuchan y cuidan, y la importancia de mantener vivas las formas de vida que nos conectan con nuestras raíces. Este voto del Congreso es, en definitiva, un homenaje a la vida, a la memoria y a las mujeres que han sido y siguen siendo protagonistas fundamentales de la historia de nuestra ciudad.




