Némesis
Según el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), solo tres de cada 10 personas en carreras STEM (Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) en México son mujeres. Este indicador no es un hecho aislado, sino el reflejo de una desigualdad estructural que tiene sus raíces en imposiciones políticas, sociales y culturales, más que en diferencias de capacidad.
Cada 11 de febrero, conmemorando el Día de la Niña y la Mujer en la Ciencia, este dato cobra un peso simbólico especial. Desde temprana edad, las niñas son objeto de procesos de socialización que las alejan de las carreras STEM: se les transmite la idea de que estas áreas no son “para ellas”, se les hace dudar de sus habilidades en materias como matemáticas o física, y se las orienta hacia carreras consideradas más “seguras” o “acorde a su género”. Esta socialización tiene consecuencias visibles: aunque las niñas y los niños muestran desempeños similares durante la primaria, la tendencia se revierte rápidamente. La educación secundaria y de bachillerato se convierten en puntos de inflexión clave, en los que las niñas y adolescentes comienzan a desvincularse de las ciencias y la tecnología, evitando elegirlas como opción para sus estudios superiores.
- Cultura y estereotipos: Representaciones mediáticas y mensajes familiares que asocian las ciencias y la tecnología con el género masculino limitan las expectativas de las niñas. En la educación media superior, estos estereotipos se intensifican cuando se deben tomar decisiones sobre trayectorias profesionales.
- Políticas educativas insuficientes: Pocos programas enfocados en fomentar el interés de las niñas en STEM desde niveles básicos, y falta de material didáctico inclusivo. En secundaria y bachillerato, la falta de espacios prácticos y de orientación vocacional equitativa refuerza la desviación hacia otras áreas.
- Condiciones laborales: La brecha salarial, la escasez de liderazgo femenino en el sector y la falta de políticas de conciliación laboral-familiar dificultan la permanencia de las mujeres en estas carreras, una perspectiva que comienza a influir en las decisiones de las adolescentes.
- Acceso desigual: En comunidades marginadas, especialmente en zonas rurales, las niñas enfrentan barreras adicionales de acceso a tecnología y educación de calidad, que se acentúan en los niveles medios y superiores.
La participación equitativa de las mujeres en STEM es clave para el desarrollo sostenible de México. Las perspectivas femeninas en la investigación y la innovación permiten crear soluciones más inclusivas y efectivas para problemas sociales y económicos. Además, el sector STEM genera empleos de alta calidad, y la exclusión de las mujeres significa perder un potencial vital para la competitividad del país. Es necesario actuar en múltiples frentes: desde diseñar currículos educativos libres de estereotipos y promover modelos femeninos en ciencias en los niveles de secundaria y bachillerato, hasta implementar políticas públicas que apoyen la formación y permanencia de las mujeres en el sector. También es fundamental que las empresas y centros de investigación fortalezcan medidas de igualdad de oportunidades y creen entornos laborales seguros y respetuosos.
En la Ciudad de México, iniciativas como los Clubes de Ciencia para Niñas del Museo Universitario de Ciencias y Arte (MUCA), el programa “Chicas en Tecnología” del Centro Cultural Digital en el Centro Histórico y los talleres de Matemáticas Creativas de la Biblioteca Vasconcelos trabajan para revertir esta tendencia, acercando a las adolescentes del nivel medio y bachillerato al mundo STEM. El Día de la Niña y la Mujer en la Ciencia debe ser más que una fecha simbólica: es una llamada a la acción para transformar las estructuras que limitan el potencial de millones de mujeres y niñas en México.