La opción
El caso de Victoria y la justicia pendiente en Aguascalientes
Dos años han pasado desde que la pequeña Victoria desapareció, dejando a su madre, Samantha Jennifer Fierro Delgado, atrapada tras los muros del Centro de Readaptación Femenil de Aguascalientes por un delito que no cometió.
Samantha, injustamente encarcelada, decidió seguir adelante con su embarazo. La madrugada del 22 de mayo de 2023, los dolores de parto la tomaron por sorpresa. Sin atención médica, una compañera con conocimientos de enfermería la ayudó a dar a luz a Victoria a las 7:25 a.m. La bebé parecía estar sana.
La falta de médicos en la prisión obligó a llamar a Juan Carlos Barnola Ochoa, médico del Cereso varonil. Tras cortar el cordón umbilical, solicitó una ambulancia que tardó 40 minutos en llegar, y la autorización para ir al hospital se demoró aún más. Ahí comienza el periplo.
En el Hospital de la Mujer, les negaron la atención por falta de recursos y las enviaron al Hospital Tercer Milenio, donde también trabajaba Barnola Ochoa. De camino, una oficial vio que Victoria aún se movía. Sin embargo, al llegar, Samantha fue llevada al quirófano y separada de su hija, quien quedó bajo custodia.
El primer médico que examinó a Victoria dijo que nació viva, lloró y respiró, pero que murió en el traslado. Dos semanas después, el informe forense contaba otra historia: un bebé varón, sin vida por falta de oxígeno y con señales de violencia. Esto contradecía todo lo anterior, no se trataba de Victoria, si no de un varón que había fallecido.
Un tercer documento identificó un feto femenino de cinco meses. Tampoco era Victoria. Entre el dolor y la confusión, la familia de Samantha recibió y enterró el cuerpo de un niño, sin saber quién era en realidad. Desde entonces, buscan la verdad y la justicia.
Samantha permanece en prisión y desde entonces se le ha revictimizado.
La sociedad de Aguascalientes y todo el país merece saber qué pasó con la criatura y quiénes son los responsables de esta terrible violación de derechos humanos.
La historia de Samantha es de terror. No sólo no sabe el paradero de su pequeña, incluso se ignora si está viva. Su pareja sentimental, Erick Romaní, detalla que la hoy reclusa tuvo un embarazo difícil, donde incluso tuvo amenazas de aborto. Según relata, Samantha pidió antes de concebir, tener acceso a métodos anticonceptivos, pero le fueron negados.
Después fue diagnosticada con colitis y gastritis cuando presentó dolores abdominales y vómitos. En realidad tenía tres meses de embarazo.
Sin atención médica adecuada e incluso con alto riesgo, continuó la gestación, hasta el día del parto, donde su hija desapareció.
La sombra de Victoria, la bebé desaparecida, se alarga sobre una realidad aún más escalofriante: la negligencia médica ginecológica que condena a las mujeres a un sufrimiento inimaginable.
El Observatorio de Violencia Social y de Género de Aguascalientes ha levantado el velo sobre este horror. Rocío, María Guadalupe, Jacqueline… nombres grabados en los muros del Cereso. El 17 de febrero, Rocío fue arrastrada a urgencias para un legrado. Un mes después, María Guadalupe, con la esperanza floreciendo en su vientre, vio su sueño desvanecerse en un aborto espontáneo. Y el 29 de julio, Jacqueline se unió a este coro de dolor, su grito ahogado en la indiferencia.
Estas mujeres, despojadas de su libertad, son también despojadas de su salud, de su dignidad, de su derecho a ser madres. La negligencia médica se convierte en una tortura silenciosa, una condena perpetua en un sistema que les ha fallado. ¿Cuántas más deberán perderse en este laberinto de desesperación antes de que la justicia despierte y ponga fin a esta pesadilla?




