Nuestro cuerpo, esa máquina grandiosa que nos permite realizar diferentes actividades en el transcurso del día y que podemos recuperar esa energía a través del descanso y de un buen sueño reparador, pero ¿qué pasa cuando la energía emocional se termina?, ¿cuándo pasan los días o los meses cansado de la misma vida que llevas, de la rutina, de las situaciones malas, de tu situación laboral, de tu situación familiar, etc.?
Este agotamiento se da por un prolongado exceso de estrés ante algunas situaciones que puedan tener. Los síntomas más comunes que puedes ver son una irritabilidad ante la cosa más mínima; te pueden responder violentamente, con un exceso de fuerza, o viceversa, se muestran apagados, sin interés por realizar las cosas y con baja tolerancia a la frustración, así que cualquier fracaso ayuda a alimentar una posible depresión severa a futuro.
Te voy a mencionar algunas cosas que nos pueden quitar esa energía, ya que hay algunas que sí dependen de nosotros resolver y otras que no dependen de nosotros, ya que no tenemos la solución y si nos andamos preocupando, como lo es:
- No tenemos un control del tiempo que utilizamos de redes sociales en el celular o la computadora en la noche. No digo que sea malo el tener algún aparato electrónico que nos sirva para distraernos un poco de las tareas que cotidianamente hacemos; lo malo es que empezamos a ver las diferentes redes sociales y no nos percatamos de la hora que dejamos estas redes, ya que, de video en video, de publicación en publicación, se nos van consumiendo los minutos y eso provoca que nos vayamos a acostar a las 2 o 3 de la mañana. Hay que tratar de tener un tiempo definido para estar en redes sociales.
- Dormir pocas horas. El dormir poco puede ser por dos cosas: el primero, por un exceso de trabajo que, aunque quiera dormir uno, el compromiso de sacar el trabajo a la larga afecta nuestra calidad del sueño, nuestro descanso, nuestra calidad de vida. Y la segunda, el quedarse en redes sociales antes de dormir, donde decimos solo 1 hora y me duermo, pero se pasa 1 hora, 2 horas, 3 horas, etc. hasta que ya son las 2 o 3 de la mañana y nosotros no nos percatamos de que hemos durado mucho. Como lo mencioné antes, el administrarnos nos ayudaría a ir dejando este mal hábito.
- Sobrecarga de responsabilidades: Intentar resolver demasiados asuntos, problemas o casos, ya sean laborales, familiares, personales, de pareja, en tu círculo de amigos, etc., que quieres abarcar todos y darle solución a todo sin tomarte un respiro para analizar y pensar las cosas mejor. Recuerda, todos tenemos problemas; lo mejor es clasificarlos de mayor urgencia a la menor urgencia e irlos solucionando uno por uno.
- Intentar controlar lo que no depende de ti. Hay ocasiones en que hay cosas que no dependen de nosotros, pero cómo le pensamos para hacer, solucionar o evitar alguna situación, pero eso genera una sobrecarga mental que al final propicia estar cansado, distraído, confundido (a veces). Deja que las cosas sucedan; no porque lo pienses demasiado va a cambiar algo. Preocúpate por lo que tú sí puedes controlar, como es tu tiempo, tu persona (personalidad, hábitos, conocimientos, actitudes, valores y habilidades), las diferentes actividades que tú realices. No te preocupes por los demás, incluso si hablan mal o bien de ti; no le des importancia a los comentarios que otras personas hagan de ti.
- Insistir en ayudar a quien no quiere ayuda. Hay ocasiones en que somos muy insistentes en ayudar a alguien que nos provoca el desgastarnos de más física y emocionalmente, queremos salvar a todos, pero siempre es bueno escuchar a las personas, ya que hay gente que sabe que dentro de sus posibilidades puede solucionar ese problema, pero ahí estamos nosotros insistentemente y, cuando nos dice que no, pasamos de esa emoción de alegría por ayudar a la persona a las emociones de ira y tristeza porque nos hacemos ideas erróneas en nuestra cabeza. Antes de ayudar a alguien, pide permiso para ayudarlo y, si te dice que no, déjalo; no te preocupes por esa persona.
- Cargar con problemas que no te corresponden. Casi por lo regular los hijos cargamos con los problemas de los papás; en el trabajo, si eres el dueño o encargado, no solo cargas con los problemas de la empresa o del trabajo, sino con los diferentes problemas que traen los empleados. Consejo sabio: No te preocupes por los problemas de los demás, preocúpate por los tuyos porque te aseguro que nadie se preocupa por tus propios problemas. Verás que soltar todo eso te hará sentir mejor. Ojo, no estoy diciendo que seas indiferente ante los problemas de las personas que te rodean, pero a veces hay ocasiones en que nos preocupamos más por otras personas que por nosotros mismos.
Y por último, el mantener relaciones que constantemente te desgastarán, dar demasiado peso a la opinión de los demás y decir “sí” cuando en realidad quieres decir “NO”. Hay ocasiones que nos ha tocado alguna pareja o un amigo o amiga que nos hace vivir una relación tóxica que no nos deja vivir, que estamos con la incertidumbre o vigilancia de esa persona. Si vives eso, aléjate de ella o de él, convive con alguien que te dé tu espacio y te deje vivir; algún día te agradecerás alejarte de esa persona.
Tu energía no solo depende de ti, si haces ejercicio, si comes saludable, si tienes buenos hábitos, tu energía también depende de las personas con las que te rodeas, de lo que quieres controlar que no está en tus manos, de las cosas que realices, de si tienes una buena calidad de vida, una buena calidad de sueño reparador. Checa y evalúa qué hábitos, actividades o personas te están provocando esa baja energía en tu persona y trata de cambiar eso; lo importante siempre eres tú. Hasta la próxima.