Al derecho y al revés
Tuvo que pasar el clima álgido de posicionamientos en torno al proyecto de reforma electoral para que la presidenta acelerara la salida de Adán Augusto López Hernández de la coordinación de la fracción parlamentaria de Morena en el Senado. Eso cobró mucho sentido, especialmente porque los partidos aliados no querían negociar con el otrora secretario de Gobierno. De hecho, las pláticas las encabezaba Ignacio Mier. Desde ese momento, en efecto, el poder político de Adán se vio mermado y disminuido y, como tal, solo sirvió de pretexto para que el viraje cambiara de dirección drásticamente. Incluso, el asunto no se demoró mucho: la plenaria fue el marco perfecto para salir a escena y dar los pormenores de una renuncia. De hecho, muchos no se esperaban el anuncio; hubo quien, inclusive, aseguraba que la fuerte presión que vivía Adán sería pasajera. El problema es que, como tal, la vorágine de acontecimientos no son cualquier cosa.
De ese modo, la salida de Adán Augusto pasó por dos elementos claves que son incuestionables. El primero queda claro, la inoperancia en algunos temas que son prioridad en el Senado de la República. Se perdió, en efecto, la cadena de diálogo que, en su momento, mostró Ricardo Monreal con mucha flexibilidad y oficio. Al final de todo, la responsabilidad siempre recae en el líder. Y el otro punto, para él, fue el golpe demoledor que significó la detención de su exsecretario de Seguridad. Eso, durante semanas, fue el tema más dominante de la agenda pública. Todo eso, como ya lo mencionamos, fue un leñazo infalible que Claudia prefirió hacer ajuste; o sea que, dos periodos legislativos, no sirvieron de nada para afianzarse en la coordinación, pues rápido, ante el control de daños, le encontraron un sucesor.
Desde entonces, han trascendido especulaciones y supuestos acuerdos que fueron puestos sobre la mesa para negociar su salida. Nada de eso es verdad. La única petición de Adán Augusto, al menos que se le cumplió, fue atesorar la columna vertebral de personajes allegados en la estructura operativa del Senado. Probablemente, después se realicen algunos ajustes, pero tengo la sensación de que serán mínimos como una muestra de respaldo y, por ende, como detonante de la unidad. Si tomamos en cuenta que Morena tiene la mayoría calificada, únicamente requiere un buen operador que tenga libertad para tomar decisiones. Inclusive, Rosa Icela Rodríguez es quien se está desempeñando como operadora o interlocutora con PT y PVEM. Sé que muchos dirán que se ha firmado un pacto para competir en sinergia en las elecciones intermedias del 2027. De ese modo, la única posibilidad de que esto camine es conservar el mayor número de puestos de representación proporcional. Si no es así, gradualmente puede encontrarse resistencia en un tema de suma relevancia.
Y con una renovada coordinación, sobra decir, es importante inhibir la especulación. Podemos comenzar mencionando que Adán Augusto, como tal, no tendrá margen de maniobra para influir en la designación de espacios a la gubernatura. Se habló de Chihuahua; sin embargo, todas las direcciones apuntan a Cruz Pérez, tal y como lo fundamenta la última encuesta que aplicó Demoscopia Digital. Siendo así, la coordinación del voto tendría, desde ahora, nombre y apellido. No hablamos de Andrea Chávez, sino del presidente municipal de Ciudad Juárez. La consigna, a propósito de ello, será únicamente la encuesta como mecanismo para destrabar la lista larga de aspirantes en la carrera por la administración estatal. De allí viene la conclusión que no se involucraría a nadie para tener mano. No hay. Adán se fue con las manos vacías. Sus funciones, efectivamente, serán operar territorios claves para que permanezca en activo, eso sí, con un poder político disminuido y fracturado por la oleada de noticias.




