PÁTZCUARO, Mich., 8 de enero de 2019.- En el tianguis purépecha que se lleva a cabo en este Pueblo Mágico, las mujeres indígenas son quienes asumen un rol de la mayor importancia al concretar los intercambios de los distintos productos que ahí se realizan.

Dicho tianguis se instala los martes y viernes de cada semana a un costado del templo del Santuario, a donde acuden principalmente indígenas de la ribera del Lago de Pátzcuaro y de la Meseta Purépecha, a intercambiar maíz, frutas, verduras, pescado, artesanías diversas, entre otros productos, sin usar dinero.

No obstante, en los últimos años han venido apareciendo vendedores de ropa y calzado de segunda mano, electrodomésticos, películas piratas, y hasta equipos electrónicos como las populares tablets. Estos comerciantes no aceptan el trueque, sino que exigen que se les pague con dinero.

Para los indígenas participantes en el intercambio de productos sin la mediación del dinero, dicho tianguis sigue siendo una alternativa para abastecerse de bienes de primera necesidad, principalmente alimentos.

En este tianguis la gente empieza a llegar a las 6 horas y se retira en cuanto termina de intercambiar, lo cual puede suceder entre 9 y 11 horas, aunque los que no practican el trueque de productos, sino el comercio con base al uso del dinero, se quedan hasta más tarde.

“Un elemento que merece la pena destacarse es que la mayoría de las personas que dan vida a este mercado son mujeres. Un paseo por el área basta para constatar que los puestos son atendidos casi en su totalidad por mujeres”, refieren los investigadores Jorge Quetzal Argueta y Martín Cortez Noyola, en un ensayo publicado en la Revista Etnobiología.

Y agregan: “sin embargo, también pudimos observar que aun cuando la mujer es acompañada al mercado por alguna figura masculina para auxiliarla con el traslado de los productos y la instalación del tendido, una vez que inician las negociaciones y el trueque propiamente dicho, los varones se marchan hacia el costado Sur de la plaza y se encuentran con el resto de los varones que han acudido ese día al mercado como acompañantes”.

“Con lo anterior, pudimos observar la existencia de espacios de sociabilidad diferenciados en los que, por un lado, el colectivo femenino se dedica a una intensa actividad de intercambio, y por el otro, el masculino aprovecha el tiempo y el espacio para comentar sobre problemas agrícolas, de construcción, etcétera”.

“En todo caso, el mercado como punto de confluencia permite tanto a los colectivos masculinos y femeninos, cada uno en espacios específicos, un rico espacio de sociabilidad”, destacan los especialistas.