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QUERÉNDARO, Mich., 18 de julio de 2026.- En Queréndaro hay un chile que no presume el picor. Presume la historia. Desde el Siglo XVI forma parte de la vida del municipio y hoy conserva el lugar que le dio fama entre cocineras, productores y comerciantes.
Del 7 al 9 de agosto, ese chile chilaca volverá a ocupar el centro de la mesa durante la Feria del Chile, una celebración que espera a más de 5 mil visitantes de Michoacán y de otros estados.
Verde, maduro o seco sobre petates de palma, el chile chilaca llegará a los fogones donde las cocineras tradicionales prepararán el platillo que distingue a Queréndaro: los chiles capones, rellenos de cebolla y cocidos con recetas que pasan de una generación a otra.
En los comales también aparecerán los chiles catrines. La explicación provoca sonrisas entre quienes llegan por primera vez: son chiles rellenos de chile. En Queréndaro, esa combinación forma parte de la cocina cotidiana. De la vida diaria.
Mientras la feria toma forma, en los patios de las casas las cocineras afinan los preparativos para el mole de guajolote.
¡Un platillo que no puede faltar!
Algunas todavía crían las aves que servirán durante la fiesta; otras recorren rancherías para conseguirlas, ante la disminución de personas dedicadas a esa actividad.
El recorrido gastronómico no termina en el mole. Quienes quieran el desempance, como dicen los habitantes del municipio, encuentran un mezcal elaborado en la antigua exhacienda jesuita de Queréndaro, una bebida que acompaña la comida y forma parte de la identidad de la región.
La fiesta también tendrá música. El programa contempla la participación de nueve agrupaciones, entre ellas Beto y Sus Canarios y la Banda Cuisillos, además de otros grupos regionales que amenizarán las tres jornadas.
En Queréndaro, el protagonista no es el chile que hace llorar por el picor. Es el chile chilaca que dio identidad a un municipio y que, cada agosto, reúne a miles de personas alrededor de una mesa.




