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MORELIA, Mich., 15 de octubre de 2026.- Al amor de la Noche de Ánimas, la noche del reencuentro anual de quienes ya han trascendido con sus seres queridos, han florecido múltiples tradiciones, emblemas del amor, la nostalgia y la memoria. La calaverita de azúcar es una de ellas.
Nacida del dulzor del azúcar y la intensidad del cobre al fuego vivo, la calaverita de azúcar es una artesanía elaborada en Morelia, con una historia amasada a lo largo de más de 150 años, y que hoy preservan cerca de 40 familias y un escaparate, el Festival de la Calaverita de Azúcar.
Una tradición y una muestra de cómo los morelianos conciben la muerte y la añoranza por los que ya partieron, que están bajo la amenaza del encarecimiento de sus insumos, la competencia que representan los productos industriales y la preferencia por artículos más económicos, aunque en ello se sacrifique la calidad.
Por aproximadamente 30 años, Bernardino Domínguez, coordinador del 5 Festival de la Calaverita de Azúcar, se ha especializado en la elaboración de calaveritas y otras figuritas hechas a base de este ingrediente, destinadas al antojo de la gente y a la ornamentación de las ofrendas y altares en honor de los difuntos.
Explicó que esta práctica suma alrededor de 150 años viva en Morelia, a cargo de 40 familias que se especializan en crear estas figurillas.
Solo en su familia, son ya seis generaciones las que han hecho suyo el arte de convertir el azúcar en calaquitas, cráneos y representaciones de diferentes profesiones, oficios y actividades.
Así, se pueden encontrar figurillas de estilistas, carpinteros, médicos en plena consulta con su paciente, enfermeros, cocineros, tenderos, vendedores, y muchos más, al lado de las típicas calaquitas que disfrutan de un paseo dominical, bailan o sonríen, y cráneos decorados.
La magia empieza en un cazo de cobre, al calor del fuego vivo, donde se cuece el azúcar glass o impalpable hasta alcanzar mil 500 grados Celsius, para luego enfriarse y formar una masa moldeable.
Esta masa, indicó Bernardino Domínguez, se coloca sobre moldes de yeso o de barro, para que adquiera la forma deseada, y se espera a que se seque, para eliminar el líquido.
Las figurillas obtenidas se unen y decoran con betún natural, elaborado con clara de huevo y azúcar, aunque también se pueden usar elementos no comestibles, como las lentejuelas.
Este procedimiento toma un total de dos días, y un solo cazo puede permitir la creación de 80 piezas.
Si bien la calaverita se hace regularmente con azúcar, a veces glass o impalpable, a veces refinada, se tienen también calaveritas de chocolate y de tamarindo, dulce o picante, una forma que por 70 años ha impulsado la familia de Elvira Cortés y que picas familias mantienen con presencia tanto en Morelia como en otros municipios, como Quiroga, Pátzcuaro y Tzintzuntan.
Todo el procedimiento para hacer una calaverita de azúcar, de chocolate o de tamarindo es artesanal, entre las manos de los creadores, pese a lo cual esta actividad no se considera una artesanía.
Y es que la calaverita de azúcar es comestible, aunque puede preservarse como decoración o recuerdo, sus materiales son aptos para el consumo por parte de las personas, lo que le convierte en una manifestación artística efímera y no una artesanía.
Bernardino Domínguez mencionó que por años las calaveritas de azúcar se dejaron de ver en las plazas y los mercados, para en tiempos recientes resurgir, fundamentalmente por el apoyo de las autoridades municipales y la celebración del Festival de la Calaverita de Azúcar, en la plaza Valladolid, que este año se lleva a cabo del 22 al 25 de octubre.
"En los últimos años hemos vuelto a aparecer en el mapa, ya no se veían las calaveritas", explicó.
Varios factores inciden en un desvanecimiento de la tradición de las calaveritas de azúcar, alertó Bernardino Domínguez, como el aumento de los precios de los insumos, principalmente el azúcar y el huevo; la presencia de piezas industriales, con menores precios y calidades, y el regateo por parte de los consumidores.
"Una calaverita de azúcar yo la puedo vender en 20 pesos, y una de similar tamaño en los centros comerciales puede estar a tres por 40 pesos, son condiciones desiguales, porque los productos industriales pueden ser más baratos al no estar hechos con azúcar, ser importados y no seguir un tratamiento artesanal", detalló.
Además, los consumidores prefieren obtener precios más accesibles, aunque esto implique una calidad inferior, a la par que persiste la práctica del regateo, que afecta a los diversos artesanos y no se ve en los centros comerciales.
Bernardino Domínguez reconoció que, en este entorno, la calaverita de azúcar podría desaparecer como tradición, al perder rentabilidad para los artesanos, por el gran trabajo que conlleva y una ganancia que tiende a ser exigua.




