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MORELIA, Mich., 8 de agosto de 2026.- Este 8 de agosto se celebra a esos compañeros peludos y tiernos que viven en nuestras casas, pero que, en realidad, nos hacen atenderlos como sus súbditos.
La fecha fue establecida en 2002 por el Fondo Internacional para el Bienestar Animal (IFAW), con el objetivo de promover su protección, combatir el abandono y fomentar la adopción de estos compañeros felinos.
Los gatos domésticos descienden principalmente del gato montés africano, de la subespecie Felis silvestris lybica, que todavía existe en diversas regiones de África y Medio Oriente. Se trata de un felino que guarda un notable parecido con el gato doméstico que conocemos actualmente.


Su domesticación tiene una historia curiosa y está estrechamente relacionada con uno de sus principales talentos: el instinto cazador.
Hace unos 10 mil años, cuando los humanos comenzaron a establecer comunidades agrícolas en el Cercano Oriente, empezaron a almacenar grandes cantidades de cereales. Aquellos depósitos atrajeron a los roedores, que encontraban en los asentamientos humanos una fuente constante de alimento.
Los gatos salvajes de la región también encontraron una oportunidad. Cerca de las comunidades humanas había comida, agua y, sobre todo, presas.
Mientras los gatos conseguían alimento con mayor facilidad, los humanos descubrieron que su presencia ayudaba a mantener bajo control a los roedores.
Así pudo comenzar una relación bastante práctica: los humanos ofrecían un entorno con alimento disponible y los gatos aportaban, sin necesidad de contrato ni prestaciones, sus habilidades como cazadores.
La llegada de los egipcios
Hace aproximadamente 4 mil años, los gatos ya estaban profundamente integrados en la sociedad del antiguo Egipto. Para aquella civilización, los felinos no solo representaban compañía y control de plagas; también tenían una importante presencia religiosa.
Los egipcios asociaron a los gatos con la protección, la fertilidad y lo divino. La diosa Bastet llegó a representarse como una mujer con cabeza de gato y se convirtió en una de las principales deidades relacionadas con estos animales.

Además, existen evidencias arqueológicas de gatos enterrados junto a humanos, una señal de que la relación entre ambas especies podía ser mucho más cercana que la de un simple animal utilizado para controlar plagas.

Un detalle que muestra la antigüedad de esta relación fue descubierto en Chipre, donde arqueólogos encontraron un gato enterrado junto a un humano en una tumba de aproximadamente 9 mil 500 años.
El hallazgo es especialmente importante porque los gatos no son originarios de la isla, por lo que aquel animal tuvo que ser trasladado hasta allí por humanos.
¿Y cómo terminaron en nuestros sillones?
Durante miles de años, los gatos continuaron viviendo cerca de los humanos. Aquellos individuos que toleraban mejor nuestra presencia podían aprovechar las ventajas de los asentamientos y reproducirse cerca de ellos.
A diferencia de los perros, cuya domesticación estuvo acompañada por una selección humana mucho más intensa, los gatos conservaron buena parte de sus comportamientos naturales como cazadores.
Por eso podemos encontrar al mismo animal acurrucado sobre nuestras piernas, ronroneando tranquilamente, y cinco minutos después acechando una pobre mosca que entró por la ventana.
Así comenzó una de las relaciones más extrañas de la historia: nosotros creemos que adoptamos a los gatos; ellos probablemente creen que nos domesticaron.




