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MORELIA, Mich., 21 de octubre de 2026.- Luego de que el Cabildo de Apatzingán ignorara la petición de guardar un minuto de silencio en memoria del dirigente limonero Bernardo Bravo, la presidenta municipal, Fanny Lyssette Arreola Pichardo, encabezó una guardia de honor en su primer aniversario luctuoso y acusó que aquella solicitud buscaba generar controversia política.
La presidenta municipal informó a Quadratín que el homenaje se realizó en el Tianguis Limonero de Apatzingán, frente al mural dedicado al productor asesinado el 20 de octubre de 2025, donde integrantes del Ayuntamiento colocaron ofrendas florales para recordar su trayectoria y su lucha por mejores condiciones para el sector citrícola.
La ceremonia ocurre después de la polémica que provocó la decisión de no atender la solicitud del regidor Hugo Molina Monroy, quien en la sesión de Cabildo del pasado 12 de octubre planteó guardar un minuto de silencio por el dirigente, pero fue ignorado.
Al justificar lo ocurrido, Arreola Pichardo sostuvo que el reconocimiento solicitado no era suficiente y cuestionó las intenciones políticas detrás de la propuesta.

“Consideramos que un minuto de silencio en aquel entonces que se solicitó no era suficiente, sobre todo tampoco se trataba de la fecha exacta, parecía más bien una oportunidad de utilizar una sesión de Cabildo para generar siempre controversia”, declaró.
La alcaldesa señaló particularmente a dos regidores, aunque no mencionó sus nombres, y rechazó que su administración pretenda utilizar políticamente el asesinato de Bernardo Bravo.
“No es ni el interés del Ayuntamiento ni mío propio como presidenta municipal politizar o seguir politizando temas de esta naturaleza”, afirmó.
La presidenta municipal destacó que, además de su responsabilidad institucional, mantenía una relación de amistad con Bernardo Bravo, a quien reconoció por su trabajo en defensa de la justicia productiva.
El asesinato del dirigente, quien había denunciado públicamente las extorsiones que enfrentan los productores de limón en Tierra Caliente, provocó indignación en el sector citrícola y puso nuevamente en la discusión pública las condiciones de inseguridad en las que se desarrolla esta actividad económica.
Arreola Pichardo sostuvo que su muerte afectó no solamente la vida social de Apatzingán, sino también a productores, empacadores y cortadores de limón, sectores cuya problemática había colocado Bravo en la agenda pública.
Explicó que la guardia de honor tuvo como propósito reconocer su legado y expresar aciompañamiento a su familia, con respeto a lo que representó tanto en el ámbito personal como en el productivo.





