Por supuestamente extorsionar a hombre con 1.9 mdp la detienen en Uruapan
MORELIA, Mich., 18 de febrero de 2025.- En nombre del amor-o quizás heridas de la infancia no tratadas-Guillermina se involucró en una relación tóxica que la llevó a vivir en el encierro, con tal de evitar las agresiones; a sufrir violencia económica, física y hasta patrimonial. Es la historia de una moreliana que sobrevivió a un controlador.
La historia de Guillermina no es tan distinta a la de otras personas enamoradas. Conoció a un hombre al que revistió con atributos que ni el mismo sujeto reconocía en sí mismo, pero que lo hacían inalcanzable.
"Cuando lo conocí, yo tenía 16 años, lo vi y había algo en él, en su personalidad, en su seriedad que me atrajo. Se veía muy formal", relató Guillermina, hoy profesional del derecho y madre de dos hijos.
Pasaron los años y el dueño de sus emociones y sentimientos ni siquiera la miraba. Parecía no haber ningún interés en Guillermina.
Los años pasaron y Guille, como le dicen sus amigas, continuó su formación. Estando en el último año de la universidad, finalmente el hombre volteó a verla. Pero no fue como había imaginado, ni remotamente. Sin embargo, en ese momento no logró identificar las llamadas red flags.
“Mi relación de novios fue muy triste, yo estaba en cuarto año y como él trabaja en un camión, él me daba indicaciones como: salte de la escuela, para ir a verlo. Yo pedía permiso y salía para ir a la calle por la que pasaba y poder llegar con él a tiempo a la base de San Francisco”, no le importaba su formación, el esfuerzo que hacía Guillermina por ir a clases. Las cosas se hacían como él decía y a la hora que él disponía.
Además, asumía actitudes que lastimaban a Guille, relató.
"Cuando éramos novios, no me presentó a su mamá. Si descansaba, difícilmente me hablaba o lo hacía solo cuando estaba en su cuarto, y luego me colgaba. No íbamos al cine ni a bailar; era únicamente el ligue del camión o del trabajo, quizás uno de tantos".
Banderas rojas había, pero Guille estaba enamorada. No se atrevió entonces a exigir, le bastaba con quererlo a él. A mantener una relación en la que ella manejaba a contramano.
“Nunca exigí que me presentara a su mamá o su familia, sentí entonces que si hacía eso, él me iba a terminar”, añadió.
En Guille encontró la validación externa que necesitaba, esa que en casa no recibió siendo niño de parte de sus cuidadores que no le ofrecieron un vínculo seguro.
En algún punto de la relación, Guille conoció a alguien, un joven detallista y cariñoso. Nada que ver con su novio, eso puso en alerta al Cucaracho-como se usa en las redes-. Temeroso de perder a ese alguien que lo valida, terminó por llevarse a Guille a vivir con él, pero no solos, sino a casa de su madre, una mujer aparentemente controladora y violenta, que ya no solo ofendía a su hijo, también a nuera.




