MORELIA, Mich., 22 de mayo de 2019. – Una hija asesinada brutalmente con un cuchillo cebollero y el otro recluido en el penal, por ser el sospechoso del crimen, es la realidad, por demás lastimera, de Isidro, un pequeño comerciante de Pátzcuaro a cuyo hogar llegó la desgracia la madrugada del pasado lunes 20. 

Era alrededor de las tres de la mañana cuando, después de horas y horas de trabajo en su tienda de abarrotes, volvió Isidro a su humilde hogar en compañía de su esposa. La puerta estaba abierta, pero esto no los alertó, porque había un cuarto miembro de la familia que tenía una peculiar manera de ingresar al domicilio, por no contar con llaves: su hijo mayor, del mismo nombre.

La pareja ingresó y la mujer comenzó a buscar a su menor hija, no vio su silueta en la cama, tampoco a su hijastro. Pensaron estarían juntos en un taller de hojalateria cercano al domicilio, sin embargo el padre de familia hizo un hallazgo doloroso.

Bajo la cama observó la mano inmóvil, fría ya de A. L. R. H., desesperada, su madre quiso sacarla, destrozado, Isidro la jaló por los pies, sólo para confirmar su sospecha ¡Estaba muerta!  Después le pidió a su mujer se detuviera, no tocará nada y se esperará a la llegada de las autoridades. No sabía nada, sin embargo, en el fondo sus sospechas apuntaban a su primogénito, al que horas después denunció ante el Ministerio Público Local. 

El sospechoso

La hipótesis que ha propuesto el Ministerio Público es que, entre las 23 horas del 19 y las 2 horas del lunes 20, Isidro, medio hermano de la niña, ingresó al hogar del segundo matrimonio de su padre, golpeó a su hermana en repetidas ocasiones, le cortó la yugular, la desnudo, pero después intento vestirla y ocultar su cadáver. 

Y si bien el Ministerio Público no ha logrado establecer un móvil del crimen, eso que lleva a alguien a decidir a acabar con la vida de otro, si ha recabado datos de prueba contundentes, que apuntan al hermano mayor, que desde hace un año vivía en casa de la ahora desaparecida. 

Los investigadores lograron ubicar en el taller de hojalateria y pintura el cuchillo ensangrentado aún y una playera, también con sangre, escondidos en unas llantas adecuadas como un sillón en el taller. También el celular propiedad de la niña. 

Además, durante las horas siguientes al descubrimiento del asesinato, asumió actitudes sospechosas, como afirmar que estaba en camino a Celaya y a la vez invitar a su compañero de trabajo por unas cervezas. 

Por los anteriores datos de prueba, Isidro, el hijo, fue vinculado a proceso y destinado a prisión preventiva oficiosa. 

Mientras tanto, cuando emitía su resolutivo el juez Ariel Montoya Romero, Isidro, el padre de la niña muerta y el hijo detenido, sufría sin decirlo. A minutos se le notaban las venas de las cienes gruesas, los latidos del pecho se veían por encima de la playera. La agitación y el color de sus mejillas le subía y bajaba, unas veces amarillo y otras colorado. 

Pero no sólo fueron esos cortos minutos en que el juez confirmó la vinculación a proceso, fueron las 4 horas y media de la audiencia, en las que pocas veces intercambió miradas con su esposa. Sus  ojos estaban centrados en su hijo, como quien busca respuesta. Porque la muerte de su hija acabó con su familia.

El detenido, así como lo señala la ley, es inocente hasta que se compruebe lo contrario.