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URUAPAN, Mich., 13 de julio de 2026.- El 13 de julio de 2009 quedó grabado como una de las fechas más oscuras en Michoacán.
En plena ofensiva del Gobierno Federal a través del "Operativo Conjunto Michoacán", contra el crimen organizado, 12 agentes de inteligencia de la entonces Policía Federal fueron privados de la libertad, torturados y asesinados por integrantes del cártel de La Familia Michoacana.
Sus cuerpos fueron abandonados, apilados a un costado de la autopista Siglo 21, en el kilómetro 188, justo en la comunidad de San Pedro Barajas, municipio de La Huacana. Sobre los cadáveres, los responsables dejaron cartulinas con mensajes en los que se adjudicaban la masacre.
Aquel episodio marcó el inicio de una etapa de violencia sin precedentes. La respuesta del Estado fue inmediata, la Policía Federal intensificó los operativos para desarticular a La Familia Michoacana y capturar a sus principales líderes.
En diciembre de 2010, el entonces Secretario de Seguridad Pública federal, Genaro García Luna, anunció el abatimiento de Nazario Moreno González, alias "El Chayo", uno de los fundadores de La Familia Michoacana.
Sin embargo, lejos de significar el fin de la organización, el grupo criminal se reconfiguró meses después bajo el nombre de Los Caballeros Templarios, encabezados por Servando Gómez Martínez, "La Tuta", a quien las autoridades responsabilizaron directamente por la ejecución de los 12 policías federales.
La persecución contra "La Tuta" convirtió a Michoacán en un escenario permanente de enfrentamientos. Los convoyes federales eran emboscados con frecuencia en la región de Tierra Caliente y las bases de la corporación eran blanco constante de ataques armados.
El Aeropuerto Internacional de Uruapan se convirtió en un punto estratégico. Ahí aterrizaban, de día y de noche, los helicópteros que trasladaban a agentes heridos desde las zonas de combate. En más de una ocasión, las aeronaves fueron recibidas con disparos de grupos criminales apostados en distintos puntos, demostrando la capacidad de fuego y coordinación de la organización delictiva.
El poder que alcanzaron Los Caballeros Templarios llegó a someter a diversas corporaciones municipales, complicando aún más las labores de inteligencia y la búsqueda de sus cabecillas y jefes de plaza.

Fue hasta febrero de 2013, con el surgimiento del movimiento de autodefensas encabezado por José Manuel Mireles e Hipólito Mora, cuando la estructura criminal comenzó a fracturarse. Los grupos de civiles armados expulsaron a los templarios de varios municipios, obligando a "La Tuta" a mantenerse en constante movimiento para evitar su captura.
Durante meses, agentes de la Policía Federal recorrieron cerros, brechas, rancherías y cuevas en las regiones más complicadas del Estado, la "Tuta" andaba a salto de mata.
Finalmente, el 27 de febrero de 2015, tras un rápido operativo de inteligencia, Servando Gómez Martínez fue detenido en Morelia sin realizar un solo disparo.
Dos días después de la captura, decenas de agentes federales regresaron al kilómetro 188 de la autopista Siglo 21.
No se trataba de un operativo. Era un acto de honor.
Frente a la cruz metálica colocada en memoria de sus compañeros caídos, formaron filas, entonaron el himno de la corporación y guardaron un minuto de silencio.
El entonces comisionado de la Policía Federal, Enrique Galindo, resumió el significado de aquel momento: habían regresado para cerrar un ciclo de dolor, para decirles a quienes perdieron la vida sobre ese asfalto que la justicia, aunque tardía, finalmente había alcanzado a uno de los responsables.
En el año 2013 se emitió un decreto que declaró cada 13 de julio como el Día del Policía Federal, en memoria a los 12 agentes caídos en cumplimiento de su deber. Finalmente en 2018, con la entrada de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de la República, la corporación fue disuelta y dio vida a la nueva Guardia Nacional.
Hoy, Servando Gómez Martínez, "La Tuta", permanece recluido en una prisión de Estados Unidos, donde enfrenta una condena por delitos relacionados con delincuencia organizada, tráfico de drogas y por su responsabilidad en la masacre de los 12 agentes federales.




