Detienen en Guanajuato al presunto feminicida de Janeth
MORELIA, Mich., 29 de octubre de 2026.- Alrededor de seis mil hectáreas de cultivo están en riesgo por el desplazamiento forzado en las inmediaciones de La Salatera y Acatlán, en Apatzingán, donde las familias han abandonado sus comunidades, además pierden sus animales y sus viviendas son ocupadas el crimen organizado, advirtió Julio Franco, consejero del Observatorio de Seguridad Humana de la región.
La cifra corresponde a una zona específica del municipio, por lo que la superficie afectada podría ser mayor.
“Estamos hablando de miles de hectáreas que están dejando de cultivarse, solo en La Salatera y Acatlán, hay perdida de los cultivos y que se sequen los limoneros de unas 6 mil hectáreas”, señaló.
El abandono de las huertas de limón representa un riesgo para la continuidad de la producción agrícola, pues los árboles que dejan de recibir cuidados pueden secarse y perderse por completo.
La pérdida de las plantaciones compromete no solo las cosechas, sino también los ingresos de las familias productoras y las actividades económicas vinculadas con la recolección y comercialización del limón.
Franco explicó que el desplazamiento obliga a los habitantes a salir de sus comunidades en situaciones de emergencia, con lo que llevan puesto, mientras sus parcelas quedan sin atención, sus animales domesticos quedan en el abandono y sus viviendas a disposición del crimen organizado.
La interrupción de las labores agrícolas prolonga las pérdidas, ya que la recuperación de una huerta requiere tiempo y recursos, incluso si las familias logran regresar.
El consejero advirtió que el problema no se limita a las tierras de cultivo. Los habitantes también dejan ganado y animales de corral, además de viviendas y pertenencias que forman parte de su patrimonio familiar.
En la comunidad de El Capire, desplazada desde diciembre de 2024, el Observatorio recibió testimonios sobre la ocupación de viviendas por integrantes del crimen organizado, quienes presuntamente las utilizan como refugio y para almacenar armamento e insumos.
Y, donde no fue el crimen organizado, son espacios como las escuelas las que ocupan los militares, quedando ahora vulnerables los niños y niñas, porque la vida escolar se ve alterada por la inseguridad.




