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MORELIA, Mich., 29 de agosto de 2026.- Después de dos años de estar fuera de circulación taurina debido a que un novillo de a ganadería española Flor de Jara le rompió la rótula de la rodilla derecha, el novillero moreliano Alejandro Tinoco ha decidido continuar con la idea de hacer carrera en los ámbitos de la tauromaquia. Este día lo encontré en el Bosque Cuauhtémoc entrenándose a la par de Emilio Rodríguez, otro chaval con el mal de montera hasta los tuétanos. Estaban tan concentrados en sus rutinas que no se dieron cuenta que estaban siendo observados.
Había qué verlos. Su expresión corporal proyectaba compromiso, entusiasmo y ganas de ser. Se esforzaban, se sacrificaban y dibujaban faenas que, seguramente, querrán replicar ante un cornúpeta en un redondel. Alejandro Tinoco le hacía el toro y Emilio Ropdríguez dibujaba tandas de capa y muleta, estructuraba su faena sin aceleramientos, acompasado, sin brusquedades.
Aquello era como el ensayo de una puesta en escena, como el diseño de una faena de valor y arte, de conexión, de trascendencia.

Una vez que se dieron un respiro, me acerqué a los chavales, no ocultaron su cara de sorpresa. Nos saludamos. Le hice a Tinoco una pregunta-afirmación que a la letra dice “con el mal de montera hasta los huesos, Alejandro”. Su respuesta fue afirmativa: “Así es, don Óscar, continuamos. Mientras haya afición y exista el toro nosotros seguiremos”. Le pregunté del momento de su lesión, del estado actual de su rodilla, de si continuará en la brega, alimentando su afición, en el camino largo y complicado que es la torería.
“Estando en España, en la Finca Soto del Real, donde pasta la ganadería Flor de Jara, un novillo me fracturó, eso me tuvo 2 años parado. Un año completamente de rehabilitación y, otro, en el que no sabía si regresar o no, pero afortunadamente decidí volver”. Le pregunté si la lesión quedó atrás: “Ya no siento la rodilla tan fuerte como antes, pero sé que si yo quiero se puede, y yo quiero, entonces para mí no hay impedimento”.
EL ARQUI
Emilio Rodríguez es un chaval de 23 años que, como Alejandro (20 años), se carga una afición grande y honda. De trato fino, atento y conceptos claros, el hijo del Arqui Rodríguez, aficionado práctico de buenos conceptos toreros, admitió que sí, que trae el llamado mal de montera enraizado hondamente, que lo disfruta, que aprende mucho del toro y de la vida:
“Aquí estamos dándole de corazón. Esto es algo que también nutre la amistad. Buen amigo (Tinoco) de mucho tiempo. Las de la tauromaquia son cosas muy bellas, de muchos valores que nos enseñan bastante. Así nos digan muchas cosas, así nos prohíban, aquí vamos a estar, porque lo hacemos con pasión, con el corazón. Y lo que se hace con eso no se acaba jamás”: Así sea.





