Arranca La Carrera Panamericana 2026 con 72 tripulaciones
MORELIA, Mich., 6 de septiembre de 2026.- El matador queretano Diego San Román realizó las faenas más toreras de la tarde en el marco del 50 Aniversario de la Plaza de Toros Monumental de Zacatecas, ofició bien con los aceros y le cortó una oreja a cada uno de los toros de su lote para alzarse como el gran triunfador y salir a hombros entre la aclamación del público. El español Román Collado no tuvo suerte con lo que salió de toriles; y el moreliano Isaac Fonseca no logró ser el torero de otras tardes y nuevamente se fue de ese coso sin tocar pelo.
Se lidió a la usanza española un imponente, bello y muy pesado encierro procedente de la ganadería Boquilla del Carmen, propiedad de don Manuel Sescosse Varela, esa que pasta en campos zacatecanos de Villa de Coss, la que torea con divisa rosa y negro, que tiene cimientes de Jesús Cabrera, Torrecilla, San Mateo, San Antonio de Triana. Toros de juego desigual, tres de ellos acusaron mansedumbre, regatearon la embestida y se pegaron a piso; buenos el segundo y quinto, y aplomado el primero.
Diego San Román no se guardó nada. Desde que se abrió de capa, enseñó disposición, gusto, alegría y deseos de agradar, lo que consiguió con entrega, comunión con los astados, proyección a los tendidos y, por gustar y gustarse, una conexión con el respetable que lo premió con aplausos y ovaciones. Mató de buena manera y recibió en premio un apéndice de cada uno de los toros de su lote, lo que le dio, con toda justicia, la salida a hombros.
Román Collado no pudo cuajar sus faenas, porque le tocó en suerte lo peor de la sexteta, pero por ganas, disposición y entrega no quedó, porque el español se paró con prestancia, le buscó la cuadratura al círculo, intentó inventarse sus toros, pero no encontró la réplica que necesitaba. Después no estuvo fino con los metales. Aplausos.

El torero que esperaba la afición era Isaac Fonseca, quien, enfundado en un traje rosa mexicano con la piedra del sol como detalle singular por los 500 años de la fiesta brava en México, recibió a su primero con larga cambiada y, después, nada destacado, aunque siempre estuvo por encima de los toros que le salieron de chiqueros, uno de ellos, el cierra plaza, con 600 kilos.
No, no fue el Isaac Fonseca que emociona, el que conecta con el respetable, el que pone a la gente en el filo de la butaca. Su toreo ya es otro, más pausado, más acompasado, más de cerebro que de corazón, lo que no es malo, pero así es. Explotó, sí, lo que traían los de Boquilla del Carmen, porque los metió en su muleta, pero no logró emocionar, no se le vio a gusto. A su primero le metió estocada certera en todo lo alto que lo hizo rodar sin puntilla, patas para arriba; hubo petición de oreja, pero el juez de plaza le negó el trofeo. Con el cierre de plaza no tuvo muchas opciones y se fue en silencio. Así sea.