Jugará Atlético Morelia-UMSNH doble cartelera en casa este viernes
MORELIA, Mich., 2 de julio de 2026.- Hay futbolistas que llegan a un partido por estadística, por jerarquía o por simple alineación. Raúl Jiménez llegará al México-Inglaterra de octavos de final cargando algo más profundo: una historia completa de caída, resistencia, regreso y reivindicación.
El delantero mexicano apunta a ser el eje del ataque tricolor en el Estadio de Ciudad de México, justo ante el país que marcó buena parte de su carrera reciente. Inglaterra no será para él un rival desconocido. Será, en muchos sentidos, el territorio futbolístico que lo exigió, lo golpeó, lo reconstruyó y lo obligó a convertirse en un atacante más completo, más cerebral y más resistente.
Durante más de ocho años en la Premier League, primero con Wolverhampton y después con Fulham, Jiménez aprendió a jugar contra defensas fuertes, veloces, agresivas, acostumbradas al choque y al ritmo alto. Ese recorrido puede resultar fundamental para México, porque ante Inglaterra no bastará con correr ni con resistir: habrá que saber sufrir, descargar, fijar centrales, ganar faltas, respirar con la pelota y convertir cada balón dividido en una oportunidad.
Raúl no será únicamente el hombre encargado de buscar el gol. Su función puede ser mucho más estratégica. Deberá incomodar a los centrales ingleses, arrastrarlos fuera del área, abrir espacios para Julián Quiñones, Roberto Alvarado y Gilberto Mora, y servir como primer punto de apoyo cuando México necesite salir de la presión europea.
En un partido de eliminación directa, donde cada detalle puede separar la gloria de la despedida, su experiencia pesa como oro. Jiménez sabe jugar duelos físicos, entiende los tiempos del futbol inglés y no se intimida ante camisetas pesadas. Frente a una selección con figuras como Harry Kane, Jude Bellingham y una plantilla de altísimo valor internacional, México necesitará algo más que entusiasmo. Necesitará oficio. Y ahí Raúl puede ser decisivo.
Pero su presencia también tiene una carga emocional enorme. El delantero vivió en Inglaterra uno de los momentos más duros de su vida deportiva tras la fractura de cráneo que amenazó su carrera. Volver ahora, en un Mundial, a enfrentar a la selección inglesa con México como anfitrión y con el Azteca encendido, convierte su participación en una de las narrativas más poderosas del torneo.
Jiménez llega además con autoridad competitiva. No es un símbolo en retirada ni un veterano decorativo. Viene de marcar ante Ecuador y de demostrar que todavía puede aparecer en partidos de máxima tensión. Su gol en la ronda anterior no sólo amplió la ventaja mexicana: confirmó que el delantero sigue teniendo colmillo, ubicación y temple para los momentos grandes.
Contra Inglaterra, México necesitará exactamente eso: temple. Porque el partido no se ganará únicamente desde la emoción del estadio ni desde la presión de la tribuna. Se ganará, si se gana, desde la inteligencia para controlar ritmos, desde la precisión en las pocas oportunidades claras y desde la capacidad de no regalar nada.
Raúl Jiménez representa esa mezcla de corazón y oficio. Es el delantero que puede aguantar de espaldas, pelear arriba, provocar errores, cobrar un penal con sangre fría o convertir un centro aislado en una jugada de época. En un Mundial donde México ha dejado de parecer invitado para asumirse protagonista, su figura adquiere dimensión histórica.
El domingo, ante Inglaterra, Jiménez no sólo jugará contra una potencia. Jugará contra parte de su propia historia. Y si México logra derribar al gigante inglés, su nombre podría quedar asociado para siempre a una de las noches más grandes del futbol mexicano.
Porque a veces los Mundiales no eligen al héroe más joven ni al más espectacular. A veces eligen al sobreviviente. Y Raúl Jiménez llega al Estadio de Ciudad de México con ese sello: el de un futbolista indestructible que ya cayó, volvió a levantarse y todavía tiene una última gran página por escribir.




