Vuelve a anotar Julián Quiñones en Arabia
MORELIA, Mich., 9 de junio de 2026.- La luz del día aún no pasaba lista de presente en la Ciudad de México, la que nunca duerme, la que se niega a emocionarse con el Mundial, la que reclama y exige solución a sus demandas, la que hoy nos recibe con bloqueos en el metrobus, la ciudad que pese a todo se entregará al fútbol durante las próximas semanas.
Las centrales camioneras, punto de despedida y de encuentro, a diferencia de su hermana del poniente, la central del norte, está alejada de remodelaciones y maquillaje mundialista, es por eso que aún en la somnolencia que da descender de un autobús a las 5:30 de la madrugada su figura sobresale entre el gris paisaje de gente que a la prisa busca salir de la terminal tan solo para ser egullidos por la enorme boca del Metro.
Caín Camacho es inconfundible, no es día de partido, pero el está permanentemente en modo Mundial, chanclas con la bandera mexicana, mochila de balón, gorra y sombrero con pasto artificial y una Copa Mundial, la misma que lo convoca a dejar todo durante más de un mes, una fé ciega que no requiere explicaciones y que lo lleva a gastarse, a cálculos rápidos, “ unos 15 mil dólares, lamentablemente es demasiado caro, pero cuando tienes una pasión, el dinero no importa, al final nos vamos a morir y no nos vamos a llevar nada”.
Originario de Ciudad de México, igual que muchos paisanos cruzó la frontera norte de México en busca de una mejor vida y la encontró en Chicago, hoy Caín comienza su sueño mundialista, justo en el estadio y la ciudad que el pasado 28 de marzo lo viralizó como un gran villano al arrebatarle su bolígrafo al seleccionado mexicano, Álvaro Fidalgo, con lo que otros fanáticos se quedaron sin el autógrafo, “ya me disculpé por el error” ha dicho en cuanta oportunidad ha tenido de hacerlo.
Y es que tampoco espera que nadie le avale su pasión, el la siente, el confía, “ tenemos que estar en las buenas y las malas, tenemos que vestir con orgullo los colores todo el tiempo, yo creo que va a ser uno de los mejores mundiales, vamos a llegar al quinto partido y tal vez a la final”.
Caín vivió en esta ciudad el Mundial del 86, no se lo contaron y ve que hoy el ambiente es distinto, “había muchas banderas, mucha gente, era especial, esperemos que la gente despierte, es nuestro tercer mundial, va a ser algo histórico”
Hoy Caín Camacho es de los afortunados que pudo acceder a un boleto para el partido inaugural, le costó 3 mil 500 dólares, gastados con la convicción de quien no duda, “esto es una pasión, desde que eres niño amas el fútbol, no tienes una pelota, pero la haces con unos trapos y juegas, mira, claro que vale la pena, al final no nos vamos a llevar nada, solo de recuerdos vive el hombre”.