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OAXACA, Oax. 7 de junio de 2026.- México 86 llegó a Netflix con una historia que usa el humor para mirar uno de los episodios más recordados del fútbol en México, la obtención de la sede mundialista en 1986.
La película dirigida por Gabriel Ripstein parte de un hecho real. Colombia había sido designada para organizar la Copa del Mundo, pero renunció ante las dificultades económicas y logísticas para cumplir con las exigencias del torneo.
A partir de esa oportunidad inesperada, la cinta sigue a Martín de la Torre, interpretado por Diego Luna, un funcionario de la Federación Mexicana de Futbol que busca colocar a México nuevamente como sede mundialista.
Desde las oficinas, donde se desarrolla una buena parte de la película, muestra los acuerdos, presiones y una cadena de decisiones que pudieron ocurrir en la época.
Aunque los protagonistas han defendido la cinta como ficción, los comparativos y el imaginario dan cuenta de algunos personajes que en realidad tuvieron relación con el mundial en esa época.
Daniel Giménez Cacho interpreta a Emilio Azcárraga, figura central en la relación entre televisión, poder económico y fútbol durante la segunda mitad del siglo 20 mexicano.
La película también cuenta con Karla Souza y Memo Villegas en un reparto que sostiene el tono de comedia política sin convertir la historia en una reconstrucción solemne de lo que fue el PRI de esos años.

México 86 no pretende explicar por completo el Mundial que terminó consagrando a Diego Armando Maradona, pero el momento histórico importa. México venía de años de crisis económica y, poco antes del Mundial, enfrentó el sismo de 1985, una tragedia que marcó la relación entre sociedad, gobierno e instituciones.
La Copa del Mundo funcionó también como una oportunidad para proyectar capacidad, orden y entusiasmo ante el exterior, aun cuando el país cargaba tensiones internas profundas.
Diego Luna construye un personaje eficaz porque no lo presenta como héroe limpio. Martín de la Torre es simpático, insistente y audaz, pero también revela el costo de una cultura donde ganar puede confundirse con doblar las reglas.
Gabriel Ripstein ha descrito la película como una historia sobre la manera mexicana de resolver, con todo lo que esa frase puede tener de creatividad, humor, riesgo y zona oscura.
Hay que ver México 86 para disfrutar de cine y no exigir exactitud documental.
La cinta trabaja con hechos reales, personajes inspirados en figuras públicas y licencias de ficción para construir una comedia sobre los entretelones del poder deportivo.
Su estreno resulta oportuno porque México vuelve a ser sede mundialista en 2026, ahora junto con Estados Unidos y Canadá en un México distinto.
Más que una reseña sobre fútbol, México 86 propone es ligera y ácida sobre una época que no existe.
Es una película palomera, bien ambientada y con actuaciones sólidas.




