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OAXACA, Oax. 5 de junio de 2026.- Bosnia y Herzegovina llegará al Mundial 2026 como una de las selecciones con mayor carga histórica del torneo. Aseguró su segunda participación mundialista desde que compite como país independiente.
La selección europea quedó ubicada en el Grupo B, junto con Canadá, la sede mundialista; Catar y Suiza.
Bosnia y Herzegovina despierta un interés que rebasa lo deportivo. Su selección nació después de la desintegración de Yugoslavia y surge de las heridas que dejó la guerra de Bosnia, ocurrida entre 1992 y 1995.
El país disputó su primer partido reconocido por la FIFA el 30 de noviembre de 1995, apenas días después de los Acuerdos de Dayton, que pusieron fin al conflicto armado y mantuvieron a Bosnia y Herzegovina como un solo Estado, aunque dividido en dos entidades políticas.
Esa división también marcó al fútbol. Durante años, el campeonato interno funcionó con estructuras separadas por identidad étnica, hasta que la presión de los organismos internacionales permitió avanzar hacia una liga unificada.
Aun así, el fútbol bosnio conserva tensiones que reflejan la vida política y social de ese país. Clubes, aficiones y ciudades mantienen identidades atravesadas por la memoria de la guerra, la pertenencia étnica y los procesos inconclusos de reconciliación.
La selección nacional ha funcionado, por momentos, como un espacio de encuentro en un país fragmentado. Su primera participación mundialista ocurrió en Brasil 2014, cuando una generación encabezada por Edin Džeko y Miralem Pjanić llevó a Bosnia al máximo escenario del fútbol.
Doce años después, Bosnia regresa al Mundial con una mezcla de experiencia y renovación. Džeko, uno de los últimos referentes de aquella generación, se mantiene como símbolo de continuidad para un equipo dirigido por Sergej Barbarez.
El reto deportivo será complejo. Canadá jugará como anfitrión y buscará aprovechar su localía; Suiza llega con una estructura competitiva consolidada en Europa, mientras Catar intentará sostener el crecimiento mostrado en los últimos años.
Pero Bosnia llegará como la selección que representa a un país cuya historia reciente sigue marcada por la guerra, la división política y la búsqueda de una identidad común.
En el Mundial 2026, su presencia en el Grupo B recordará que el fútbol trasciende estos procesos sociales complejos, donde una camiseta intenta reunir lo que la política todavía no termina de reconciliar.




